Alpuente, municipio polinuclear
Alpuente conserva hoy trece núcleos de población, otros tantos asentamientos diseminados. Esta estructura, aún hoy reconocible, es herencia de su historia, pero especialmente de un pasado no muy lejano, en una lógica de proximidad de los asentamientos con los recursos que lo sostienen. Una lógica que tiene mucho que ver con una agricultura y una ganadería, y los medios de comunicación de una época. A este modo de colonización de un territorio le llamamos estructura polinuclear.
.
La importante expansión agrícola de los siglos XVIII y XIX, significó para el municipio de Alpuente el desarrollo de núcleos de población próximos a las superficies de cultivo. Hacia 1900, cuando todo el término contaba con unos 2800 habitantes, 425 habitaban en Corcolilla, 400 en El Collado, 300 en Baldovar. Aldeas hoy abandonadas como El Chopo o Cañada Seca contaban entonces con 85 y 50 pobladores respectivamente. En estas fechas, el núcleo de Alpuente tenía unos 350 habitantes.
Hoy nos referimos al núcleo de Alpuente como Villa de Alpuente, aldeas a todos los demás. Oímos hablar de municipio polinuclear, en ocasiones en alusión a su singular riqueza patrimonial, en otras, en referencia a las dificultades de su gestión. Pero, ¿qué significa realmente el término polinuclear?
En este artículo intentaremos profundizar un poco más acerca del significado de este término. De cómo funcionaba, y siguen funcionando, esta estructura de núcleos de población colonizando un territorio. En esta geografía rural, de poca densidad de población, no debe confundirse población aislada con población dispersa, dispersa pero con relación entre sí.
.
En algunos de estos núcleos de población, La Canaleja, La Almeza, La Carrasca,… encontraremos una simple agregación de viviendas apoyadas en unos caminos preexistentes, allí dónde quedaba garantizado el abastecimiento de agua. Es un primer paso entre el asentamiento disperso y su evolución hacia estructuras más compactas y complejas, más complejas también en sus aspectos socio-económicos.
En otros como El Collado o Corcolilla descubrimos una trama urbana algo más desarrollada y compleja. Observaremos en su arquitectura popular alguna diferencia tipológica con respecto a las anteriores, arquitecturas más próximas a la propiamente urbana. Encontraremos edificios con cambra en sustitución de corrales. Y entre ellas alguna plaza a la que recae alguna construcción singular, como la iglesia de San Miguel y su abadía en El Collado, o la iglesia de San Bernabé en Corcolilla, construcciones ya de cierta importancia. En la lejanía, sus torres campanario aún siguen destacado entre los tejados y podemos imaginar el sonido de sus campanas extendiéndose más allá de los límites de la aldea.
En todo este territorio encontraremos ermitas, que en clave territorial representan una unidad y cohesión social de esta población dispersa. Encontramos también molinos hidráulicos, hornos, lavaderos, escuelas, indispensables en su economía. Hoy los llamaríamos servicios generales, equipamientos, sin ellos una sociedad no puede funcionar.
En toda esta estructura polinuclear, condicionada en gran medida por la agricultura y la ganadería y por los medios de comunicación de una época, podemos suponer un cierto grado de autonomía entre los distintos asentamientos, autarquía tal vez en el caso de los rentos de Benacatázara o Vizcota. Pero la relación entre ellos, una relación jerarquizada entre las aldeas de mayor población con las menores cercanas es indudable. De ello puede dar buena fe la red de caminos, caminos que unen aldeas, aldeas con cultivos, aldeas con molinos, molinos con hornos,… Una red de caminos que enlazan distintos puntos cuya idea de cercanía venía lógicamente determinada por el tiempo que se tardaba en recorrer, y lógicamente este tiempo lo condicionan los medios de transporte de la época. Tener en cuenta esta circunstancia tal vez nos ayude a entender mejor las relaciones entre los distintos asentamientos. En definitiva, en la mayor parte, estructura de núcleos de población dispersos, que no aislados.
En todos estos casos, encontraremos buenos ejemplos de arquitectura tradicional, algunos de claro carácter rural, agregadas o dispersas, o tipologías en evolución hacia lo urbano. Arquitecturas productivas, molinos, hornos, lavaderos, que prestan servicio a una comunidad, arquitecturas singulares, ermitas, iglesias y abadías, que estructuran una trama urbana y la vida social. Son los signos más tangibles de la humanización de un territorio, de una identidad. Y este patrimonio cultural, arquitectónico, es también un patrimonio económico, un patrimonio de naturaleza inmobiliaria y por lo tanto no trasladable. Un patrimonio sobre el que se asienta buena parte de la población actual de Alpuente.
.
De todo ello debe deducirse que el término polinuclear alude a algo más que la simple suma de núcleos, algo más de lo que tal vez pueda sugerir la hoy habitual expresión “Alpuente y sus aldeas”. Tal vez el término aldea, sin llegar a ser incorrecto, no refleje la importancia de algunos núcleos de población que llegaron a tener más población que la propia Villa. Y tal vez sea aconsejable considerar que buena parte de sus funciones siguen vigentes hoy en esta estructura.
Pero ¿cuanto de esta estructura polinuclear, condicionada en gran medida por la agricultura y la ganadería y por los medios de comunicación de una época, es aún hoy válida?¿Cuál debe ser el papel hoy en un municipio en el que buena parte de la población vive en ella?
Obviamente, hay varias circunstancias que han cambiando. En primer lugar, la agricultura, y también la ganadería, pasan por una larga crisis. En segundo lugar, los actuales medios de transporte hacen que las distancias, o más bien los tiempos, se acorten considerablemente. Estas dos circunstancias, que justificaron en su día una estructura dispersa han cambiado considerablemente. Muy probablemente si hoy tuviéramos que elegir un modelo de asentamiento, el modelo adoptado sería muy distinto, probablemente optaríamos por un modelo más compacto. Pero este hecho, o hechos similares, serían igualmente aplicables a cualquier pueblo o ciudad europeos. Hoy, habitamos ciudades cuyos condicionantes en su origen son muy distintos a los actuales. No por ello las abandonamos, simplemente las transformamos de forma paulatina, sencillamente porque nos es mas rentable. No olvidemos que el patrimonio heredado, arquitectónico, infraestructuras, red viaria,… supone con mucho el mayor esfuerzo que una comunidad realiza durante su historia.
.
En un municipio en el que más del 75 % de la población censada no vive en la propia Villa de Alpuente, en el que buena parte de su patrimonio se encuentra en su aldeas, tal vez fuera deseable conocer algo más de la interrelación entre los distintos núcleos y la población dispersa. Conocerla mejor y actuar en consecuencia.

Hoy, el municipio de Alpuente arrastra un retroceso en su población, un retroceso especialmente grave en sus aldeas. Algunas de estas se sitúan en el preocupante umbral previo a su abandono definitivo, siguiendo los pasos de las ya irrecuperables La Hortichuela, El Chopo, Vizcota o Cañada Seca. Esta pérdida de población es sin duda, como en tantos otros municipios de interior, el mayor problema de Alpuente. Tiene como marco general una crisis agrícola arrastrada desde décadas, pero ello no debe ser excusa para obviar políticas locales.
Cabe preguntarse si las acciones públicas, concentradas en su mayor parte en la Villa de Alpuente, tal vez bajo una idea de que lo que es bueno para la Villa es necesariamente y a priori bueno para todo el municipio, son o no las correctas. Cabe preguntarse si se ha entendido el funcionamiento de esta estructura polinuclear, sin duda compleja, que alberga buena parte del patrimonio arquitectónico –inmobiliario por tanto-, cultural, paisajístico e identitario, y sobre todo, en la que vive buena parte de su población.
En los últimos años, la Villa de Alpuente ha recuperado 50 habitantes, las aldeas han perdido 462. Obviamente el balance global es alarmantemente negativo: el municipio de Alpuente ha perdido en 7 años un tercio de su población. Estos datos, comprobables e irrefutables, recogen mejor que cualquier otro, mejor que declaraciones de intenciones o supuestas expectativas, lo acertado o no de unas políticas. Reflejan la decisión final de una población sobre elegir o no un municipio como lugar de residencia, su valoración sobre sus servicios, sus expectativas de empleo,… Cabe preguntarse si las acciones sobre este municipio polinuclear son las correctas, porque los datos no dejan lugar a dudas.



Cris Pérez dijo
Hola,
Estoy interesada en saber la fuente de esas dinámicas de población y de conocer teorías sobre los umbrales de abandono. ¿Me puedes facilitar las fuentes de esta información que publicas sobre la población?
Gracias,
Cris
29 Marzo 2009 | 11:28 AM