En el artículo anterior comentábamos la importancia de la arquitectura, del urbanismo, en la configuración del medio físico en el que nos desenvolvemos. Y en esta configuración del medio en el que habitualmente vivimos, aparecen como agentes, constructores, promotores públicos o privados, arquitectos y ciudadanos.
Me interesan especialmente los dos últimos. Me interesa en calidad de arquitecto, y porque es principalmente sobre esta disciplina, en la que recae la responsabilidad de proponer (que no promover) las ideas. Me interesa la figura del ciudadano, porque es este su destinatario último, aquel al que va dirigido lo que hacemos. Aquel que debe reclamar, participar y al final validar las propuestas .Arquitecto y ciudadano deben entenderse. Pero, ¿nos entendemos?
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A los arquitectos nos gusta hablar de arquitectura. Es lógico, es nuestra profesión, en muchas ocasiones nuestra pasión. A los ciudadanos también. Todos como usuarios la vivimos, la padecemos o la disfrutamos.
Al arquitecto le gusta hablar de arquitectura, de vez en cuando de Arquitectura a ser posible. Y para ello acudimos a ejemplos que pueden quedar muy lejos. La arquitectura ejemplar es, casi por definición, escasa, y no siempre nos queda cerca. Al ciudadano le interesa tal vez más su calle, su barrio, su pueblo o su ciudad. Forma parte de su entorno y sus propias experiencias.
Al arquitecto le gusta hablar de composición, del espacio, de la luz, del paisaje. Puestos a soñar, del último premio Pritzker. El ciudadano, y también el arquitecto, asisten en más de una ocasión a actuaciones agresivas con el territorio, a un urbanismo depredador, al prohibitivo precio de la vivienda, a la perversión de lo inmobiliario.
Dos realidades muy distintas, la de la arquitectura ejemplar frente a la frecuente banalidad de nuestro entorno. Dos realidades opuestas y contradictorias en muchas ocasiones. ¿Cuál de las dos es más real? Sin duda, las dos. El urbanismo depredador, la “arquitectura” insensible es un hecho, tal vez un hecho lamentablemente frecuente. La Arquitectura, aunque puntual, también.
Las dos realidades son igualmente reales. De las dos hablaremos en esta nueva sección “hablemos de arquitectura”, siempre en relación con La Serranía, en relación con lo que hay o con lo que podría haber. Hablaremos y también soñaremos.
Conviene, para entendernos, saber a cual de estas dos realidades nos estamos refiriendo en cada ocasión.


Magnífics articles. Jo crec que un dels grans problemes de varolitzar eixe patrimoni construït és precisament el fet que en molts casos és propietat privada. O que, com és herència d'altre temps, s'emmarca en un "paistge" de carrers estrets, molt de volum per a poc d'espai, manca de claror i ventilació... per tant la solució de la rehabitació és més que difícil en la majoria de casos.
El que he dit no lleva que eixe paisatge no siga precisament representatiu d'una forma de viure, d'habitar i una part d'una identitat col·lectiva. S'han d'entendre les noves formes (cases més àmplies, més separades entre sí, amb altres formes...) i les antigues, i fer que cada part del conjunt tinga uns valors propis i complementaris de l'altra part.
Gracias Agustí.
Coincido en la mayor parte de lo que dices. Efectivamente, por ejemplo los problemas de ventilación son unas de las mayores dificultades a la hora de actualizar estas construcciones a las condiciones de habitabilidad consideradas como normales.
No hay que olvidar que cuando hablamos de rehabilitación de viviendas, los casos a los que nos enfrentamos están muy lejos de por ejemplo una rehabilitación de un edificio urbano, por ejemplo del Ensanche o el Barrio del Carmen en Valencia. En estos casos casi podríamos estar hablando de una edificación muy similar a los esquemas actuales. Ya cuentan con patios, buena ventilación por fachadas, núcleos húmedos,...
No hay que olvidar que cuando hablamos de patrimonio en el medio rural, estamos hablando en realidad de diversos tipos de construcciones; desde corrales, viviendas, ermitas, hornos, ... Según en caso, en mi opinión será mas apropiado unos usos u otros, así como una mayor peso de lo público o privado.
Creo que también es importante no perder de vista que esta arquitectura, económica y eficiente, esta ligada a una determinada sociedad. Sería triste en mi opinión, que estas construcciones que nacieron de la mano de agricultores, ganaderos o pastores, acabaran siendo , por no acometer su necesaria actualización, tan sólo objeto de bucólicos deseos.
Por otra parte, me preocupa las nuevas construcciones. No por nuevas, sino porque estas no parecen construirse con la misma sensibilidad con el entorno.
De todo ello intentaremos hablar.
Un saludo.
Coincido plenamente.
Pero tengo una duda (si sólo fuera una...): en la arquitectura de nuestra comarca se emplea y se ha empleado mucho la madera. Creo que utilizarían maderas de la zona pero, para vigas de mayor tamaño, ¿las traían de otros lugares?
He visto en casas de derribo mucha madera de pino, pero ¡hay algo más?
Saludos paisajes!!
A mi, personalment, un dels pobles de la zona que em semblen més bonics, i el recomane a la gent, és Vallanca, que està en el Racó d'Ademús. L'ús de la madera en façanes, balconades, i en elements decoratius em sembla molt interessant. Ho dic com una apreciació personal, jo no sóc especialista, sinó que simplement veig les coses i dic si m'agrada o no, si em pareix bonic, o si està d'acord amb les circumstàncies històries i geogràfiques de la zona. Potser Vallanca té altres coses no tan boniques, però eixa en concret sí que m'ho sembla.
La arquitectura popular se basa en la inmediatez y economía de materiales, siempre o casi siempre utilizando recursos del lugar, lo cual nos conduce a descubrir uno de sus valores a aplicar a nuestra arquitectura contemporánea.
En La Serranía (como en la mayor parte de España) encontraremos el uso de la madera en forjados de piso y cubiertas, vigas y algún dintel de cierta luz.
En La Serranía lo más probable es que encontremos madera de pino, por lo general silvestre (albar) o negro (laricio). En forjados de piso los troncos pueden tener 12,15, 18 cm de diámetro y en torno a los 3 metros de luz (distancia entre apoyos). Si estos forjados tienen que descansar en una viga (también de madera) y no en un muro, el tronco utilizado podrá tener de 20, 30 cm de diametro o en ocasiones dos piezas colocadas en paralelo.
En algún caso, especialmente en la zona colindante con Teruel, podemos encontrar alguna pieza de sabina. Una madera excelente, resistente desde el pto de vista estructural, imputrescible en teoría, (aunque nos podemos llevar alguna sorpresa al descubrir huecos en su interior).
En general en este tipo de arquitectura las luces no necesitan sobrepasar mucho los 3, 4 metros. En parte porque sus espacios no requieren otra cosa, la madera más a mano puede cómodamente satisfacer estas necesidad, y también mayores luces entre apoyos producirían problemas en los muros de carga. No obstante debe pensarse que un pino albar o laricio puede sobrepasar con mucho estas dimensiones.
Hasta aquí estamos hablando de esta arquitectura tradicional popular, (que más o menos equivale a decir versión ecónomica y que englobaría corrales, viviendas, incluso p.e. ermitas)
Para construcciones algo más singulares su uso y sus necesidades pueden cambiar.
Habitualmente (no hablo ahora de La Serranía) cuando en la utilización de la madera se ha necesitado luces mayores , se recurre a cerchas (en cubiertas), empalmes, empalmes con herrajes,...(hoy a la madera encolada) Pero en La Serranía no he visto soluciones tan sofisticadas. Tal vez en alguna iglesia,...
Sobre la arquitectura del Rincón de Ademuz por cierto, hay excelente bibliografía. Intentaré en próximo comentario ser más preciso.
Bona nit Jesus
Me gustaria enviarte unas fotos sobre el tema por e.mail y he perdido tu dirección
por error
me podrias enviar un e.mail.
Un saludo a todos