Ya en anteriores artículos hemos hablado de la degradación, que situados donde se pretende situar, van a suponer para el paisaje los 86 aerogeneradores que se proyectan (algunos ya se levantan) en los términos de Aras de los Olmos, Alpuente y La Yesa. Al paisaje y a los valores medioambientales de sus espacios que le hacen merecedores de formar parte de la Red europea Natura 2000. Al paisaje de estos municipios y más concretamente al paisaje más próximo a algunas de sus aldeas.

Pero tal vez sean temas que no despierten un interés mayoritario, pese a que de ellos dependa en gran medida el futuro de estos municipios. Un futuro al menos, tal como se concibe desde Europa y al que van dirigidas sus ayudas. Un futuro ligado a un desarrollo sostenible que en gran medida debiera buscar apoyo en la puesta en valor de su paisaje y su patrimonio natural.

Pero en este artículo no hablaremos de paisaje, al menos en su relación con lo visual. Tampoco hablaremos de fauna ni de flora, ni de especies protegidas. Aunque tan solo convendría recordar de forma breve, que aunque interese a pocos, esta exigencia de preservación viene definida por la actual legislación, y su incumpliendo puede acarrear algún que otro problema y poner en peligro las ayudas que provienen de Europa, que no son pocas.

Hablaremos de una afección invisible, poco documentada, pero que puede cambiar de forma radical las condiciones de vida, las condiciones en aldeas como Losilla de Aras, El Collado, Corcolilla, La Almeza, y de todas aquellas próximas a los parques. Hablaremos del ruido.

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Alpuente ¿reino del silencio?

El silencio, la tranquilidad, son cualidades apreciadas del campo y también de sus núcleos de población. Esta tranquilidad forma parte de su modo de vida, es calidad de vida y experiencia deseable de visitantes. No en vano Alpuente, reino del silencio, es una expresión que la podemos encontrar en la propia web municipal de Alpuente, y frases similares junto a apelaciones al sabinar, a las aldeas, forman parte habitual de los textos que en folletos, páginas webs, artículos, buscan promocionar este municipio. Una descripción sin duda parcial, porque no es oro todo lo que reluce en el mundo rural. Pero aunque parcialmente, real, al menos de momento. De momento porque, ¿cómo van a afectar las instalaciones eólicos en esta apreciada tranquilidad?

No es fácil prever la incidencia que unos aerogeneradores van a tener en el mapa acústico. No es fácil predecirlo, ni tampoco fácil evaluarlo de modo correcto en el paisaje sonoro rural. En primer lugar porque las simulaciones teóricas se han demostrado del todo inexactas. En la práctica, la orografía y su textura, y sobre todo la dirección del viento puede hacer que un estudio teórico poco tenga que ver con la experiencia una vez en funcionamiento. En segundo lugar, porque no debe olvidarse que el contexto del campo, los niveles máximos permitidos por el Plan Eólico Valenciano superan con mucho los decibelios actuales. En el campo, o en uno de sus habituales núcleos, reina en efecto el silencio, un silencio que puede quedar drásticamente enmascarado.

Así pues, tal vez sea preferible echar mano de la experiencia directa, de escuchar que nos cuentan las personas que ya hoy padecen este problema.

Ya en anteriores ocasiones me habían comentado algo al respecto, pero sin mucho detalle. Pero hace unos días tuve la ocasión de conversar con mi amigo Juan P. Así qué, abusando un poco de su tiempo, lo sometí a un tercer grado sobre su experiencia directa sobre este tema. Este podría ser un resumen de aquella conversación.

- ¿Pero los oís? ¡No los tenéis tan cerca!

- El aerogenerador más cercano lo tenemos a 1.600 metros. Y claro que los oímos. Los oímos especialmente cuando el viento sopla de levante, porque nosotros estamos en esa dirección. Y el viento de levante es bastante frecuente. Recuerda que la gente de Bordón (Teruel) también se queja de los ruidos de uno de nuestros parques, y están a 5 km.

- ¿Pero de qué clase de ruido estamos hablando? Trata de describírmelo.

- Desde el lugar en el que estamos tan sólo vemos dos molinos. Los demás quedan ocultos por la montaña. El ruido de los dos que vemos es un ruido identificable: es como un fum - fum continúo. Los demás crean como un ruido de fondo.

- Sí, ya me habían comentado. Pero imagino que se tratará de un nivel bajo. ¿Lo habéis medido?

- Pues no, no es un nivel bajo, y piensa que aquí en el campo se oye todo. Los molinos se oyen, y molestan bastante. Da igual que sea de día o de noche. Bueno de noche se oyen aun más, incluso con las ventanas cerradas. Se acabó la tranquilidad para nosotros.

- Pero insisto ¿lo habéis medido? Ya sabes que en según la normativa del propio Plan Eólico no se deben superar los 40 dB. en núcleos habitados. Si se superan estos niveles tienen obligación de aplicar medidas correctoras, incluso tienen obligación de desmontar los aerogeneradores si no son efectivas. (Juan ríe)

- Sí, lo sé. Nos hemos quejado del ruido y de alguna cosa más, y han venido técnicos a hacer un informe. Han venido también a medir el ruido. Estuvieron casi todo el día. No olvides también que 40 dB es lo que se exige también en un ambiente urbano. Aquí , antes de los molinos, podríamos tener unos 15 o 20 dB

- ¿Y?

- Los decibelios eran superiores en muchos casos, superiores a los 40. Según la intensidad y dirección del viento. Pero esos datos no aparecen en el informe. ¿Curioso verdad?.

Bueno, la verdad es que no me gustaría estar en la piel de Juan.¿Los van a desmontar como prevé la propia normativa del Plan Eólico Valenciano? Dudoso. O al menos, creo en todo caso que les espera una dura batalla. Una batalla de unos que decidieron un día vivir en una aldea contra una empresa que decidió levantarles unos aerogeneradores cerca. Una batalla de David contra Goliat.

Alguien dijo con anterioridad: “¿Sabe el ciudadano de a pie, el vecino y vecina de cada villa del interior, qué son en realidad estos parques eólicos y lo que van a significar en su desarrollo económico futuro?” . Mucho me temo que no. Mucho me temo que, estas instalaciones eólicas, a lo que verdaderamente van a contribuir es a empeorar aún más las condiciones de vida de estos núcleos de población, ya hoy al borde de su abandono definitivo.