Alpuente en otoño
Dicen que Dios era pintor. Lo dicen claro, los pintores, cuando descubren un paisaje que sin pretenderlo supera, en composición y riqueza cromática, la mejor de sus obras. La naturaleza supera, como la realidad a la ficción, al lienzo más elaborado.
Y suelen pensar en la primavera como la estación del color. En nuestros paisajes será el momento de los almendros en flor y de los verdes en los campos de cultivo. Pero hay en Alpuente una estación que la supera en variedad de colores y espectacularidad: el otoño.
En estos días, en los que las hojas de los álamos viran del verde al amarillo, regálese un paseo tranquilo desde la bella aldea de Las Eras hasta el acueducto. Siga el curso del Reguero y deje despertar sus sentidos. Disfrute del penetrante olor del membrillo, del sonido de las hojas y del baile del carrizo agitado por el viento.
Abra sus ojos a la variedad de verdes y amarillos que le ofrece el álamo blanco y el chopo, al rojo imposible del zumaque. Diríjase luego hacia las aldeas de la Almeza o la Canaleja. Explore carreteras o caminos, disfrutando del peculiar mosaico que forman sus viñedos.
No se descuide si quiere participar de este espectáculo efímero. Si Dios es pintor, cada año deja verse unos días en Alpuente, en otoño.

