La carretera tiene un doble efecto sobre el paisaje. Por un lado es uno de los elementos que mayor incidencia tiene sobre él, por otro es uno de los lugares desde donde mayor número de personas lo contempla.

Las carreteras no son solo vías de transporte de personas y mercancías, sino que constituyen el medio a través del cual, el individuo entra en contacto con el paisaje y se comunica con él. Y esta reivindicación del propio viaje, lejos de limitarse a las que cruzan parajes singulares, debiera aplicarse, precisamente entendiendo el paisaje como elemento de calidad de vida, a las carreteras mas transitadas.

Si se trata de hablar de integración de infraestructura viaria en el paisaje, y del paisaje desde la carretera conviene acercarse a algunos buenos ejemplos:

Si hablamos de geografías rurales conviene dirigir la mirada a Inglaterra, País de Gales, Noruega o la Bretaña francesa. Tan distantes a las grandes infraestructuras, la estrategia de vertebración en territorios muy similares a los nuestros, se apoya en la paulatina mejora de su red viaria histórica, de aquella estructura que se desarrolló al unísono con el patrimonio que se pretende valorar. Pequeñas pero constantes operaciones de mejora de su firme, señalización, peraltado, y cuidado exquisito de su entorno y profundo sentido del lugar. Modernización eficaz sin ruptura, continuidad histórica y garantía de perpetuidad de sus paisajes.

También sin salir de nuestras fronteras encontramos buenos ejemplos de saber conjugar utilidad y paisaje. Los encontramos ya en los trazados rectilíneos de los siglos XVII, XVIII y XIX, en los Paseos Arbolados de Aranjuez, el Salón del Prado, los bulevares de los Ensanches, y hasta fechas recientes en muchas de nuestras carreteras bordeadas de hileras de árboles.

Otro ejemplo paradigmático en esta manera de entender la carretera como lugar desde el cual se descubre y disfruta de una geografía, lo constituyen las parkways, o vías-parque norteamericanas. Carreteras concebidas para proporcionar a los automovilistas una conducción placentera, en el ámbito primero de los desplazamientos diarios al trabajo y posteriormente adentrándose incluso en las áreas naturales más interesantes de EEUU y Canadá. Paradigmáticas, porque si hablar de carreteras y desarrollo, se asocia a priori con una connotación negativa del impacto y la pérdida de valores naturales, con la vía-parque se abre la posibilidad de que con un adecuado diseño, permitan un trayecto agradable y se conviertan en elementos cualificadores del paisaje.

Por último, tampoco faltan ejemplos de intervenciones paisajísticas de cierta envergadura, que asumiendo las autopistas como inherentes a nuestro siglo, den respuestas a su escala y al nuevo modo de apreciar el entorno que se deriva de la velocidad de tránsito.

continúa: 04. El proyecto de la ampliación de la CV-35