Los jardines de Abú Sa'id
por Jesús Carrión Olarte
Si hay un periodo histórico del que la Villa de Alpuente pueda enorgullecerse, este es sin duda el que transcurre bajo el dominio del Islam, especialmente en su periodo como reino taifa. Aunque de origen romano, Alpuente debe su morfología a nuestros antepasados árabes. Sin duda dos fueron los motivos para elegir este lugar para asentarse: la existencia de la impresionante peña rocosa sobre la que situar un inexpugnable castillo y la de una fértil ladera que transformada en huertos, serviría de sustento a su población.
Un poco de historia
Tras la muerte del profeta Mahoma en el año 632, sus sucesores inician una vertiginosa y feroz expansión, conquistando Palestina y Persia, Egipto, la gran ciudad de Alejandría, La Meca, La India, el norte de Africa, Constantinopla y Sicilia. En el 711 comienza el dominio árabe de nuestra península que no concluirá definitivamente hasta el 1492 con la reconquista de Granada. Cien años después de la muerte del Profeta , en el 732, el avance del Islam hacia el norte de Europa es detenido por el ejército franco de Carlos Martel cerca de los Pirineos. A partir de esta fecha, y durante un largo período, nuestra cultura, bajo el nombre de al-Andalus, tomaría una senda distinta a la del resto de Europa.
Con respecto a Alpuente puede considerarse que fue tomada por los árabes entre los años 712 a 714, años en los que lo fueron las ciudades próximas de Valencia, Albarracín o Zaragoza. El dominio árabe perduró en Alpuente hasta el 1240, siendo conquistada por Jaime I.
El esplendor de al-Andalus
Consolidado el nuevo imperio, pronto la primera furia guerrera dejo paso a una época de esplendor cultural, asimilando y desarrollando la de los pueblos conquistados. Un clima de mestizaje, de tolerancia cultural y religiosa, en el que la búsqueda del conocimiento y su enseñanza hicieron de al-Andalus y de su capital Córdoba, un centro de referencia del saber.
Sobre la participación de Alpuente en este clima, pocas referencias pueden aportarse, salvo las de su periodo en el siglo XI como reino taifa . Este periodo supuso para el conjunto de al-Andalus una época de caos político, de disgregación y debilitamiento militar que no tardaría en ser aprovechado por los reinos cristianos, que por entonces ocupaban ya el tercio norte de la península. Sin embargo la descentralización del poder, las ansias de emular el esplendor de Córdoba, y la rivalidad, no sólo militar, entre los distintos reyes, dio lugar a un nuevo florecimiento cultural especialmente importante en levante. Sus príncipes se hacían rodear entonces de astrónomos y poetas, médicos y traductores, músicos, botánicos, fílósofos ó matemáticos.
Como reino taifa y bajo la dinastía Banu Qasim, puede asegurarse que Alpuente participó activamente, aunque de forma modesta, de la cultura andalusí, y tal vez fuera este el periodo de mayor desarrollo cultural que haya conocido.
"Que había aquí una asamblea literaria de hombres versados en todas las ciencias, un alcázar donde residía toda suerte de excelencias, una mansión de toda elegancia y pulcritud, una morada de todo honor y dignidad: la corte del ilustre y honrado Abú Abdaláh ben Cásim, señor de Alpuente."
Paisajes y jardines de al-Andalus
Entre las expresiones más notables del mundo andalusí cabe referirse a la cultura de los jardines, su concepto del paisaje y su relación con la naturaleza.
El Corán utiliza reiteradamente la palabra al-channa (jardín) para referirse al Paraíso. Pensemos que los pueblos que acogieron en primer lugar el Islam vivieron sobre suelos áridos, con altas temperaturas y escasas precipitaciones que dificultaba los cultivos. Es comprensible que se identificase el Paraíso con la imagen grata de un jardín. Para el musulmán el paraíso coránico es tal y como aparece revelado, y dicha revelación recoge continuas referencias al agua, a las delicias de sus sonidos, a la vegetación que surge de ella y sus frutos, a sus colores y aromas, y la sombra que proporciona.
"Anuncia la buena nueva a los que creen y obran bien: tendrán Jardines por cuyos bajos fluyen arroyos. Siempre que se les dé como sustento algún fruto de ellos, dirán: "Esto es igual que lo que se nos ha dado antes". Pero se les dará algo sólo parecido. Tendrán esposas purificadas y estarán allí eternamente"
Corán (sura 2, aleya 25)
¿No veis el agua que Alá ha hecho descender
del cielo
y por medio de ella, todo verdea sobre la tierra?
Corán (sura 22, aleya 63)
Él es Quién ha hecho bajar para vosotros agua
del cielo.
De ella bebéis y de ella viven las plantas con
las que apacentáis.
Gracias a esa agua, hace crecer para vosotros
los cereales,
los olivos, las palmeras, las vides y toda clase de frutos.
Corán (sura 16, aleya 10-11)
El jardín islámico debe su razón de ser a la idea de paraíso descrito en el texto coránico, base religiosa y política, moral y cosmogónica para el musulmán, pero se materializa adaptando la tradición de los jardines persas y los elementos arquitectónicos romanos. Del jardín persa denominado chahar bagh toma su esquema formal cuatripartito, su estanque central, sus canales y caminos ligeramente elevados con respecto a los cuadrantes destinados a las plantaciones, el "riego a manta", gran parte de las especies vegetales, los pabellones para el recreo y el refinamiento y suntuosidad de la cultura sasánida. De Roma, las fuentes con surtidores, los pórticos y columnatas, los suelos pavimentados y la tipología de patio jardín.
El jardín árabe es por tanto y en primer lugar expresión terrenal del paraíso prometido, pero también signo de status y refinamiento.
A su función estética, al placer de la vista y el olfato se unió el deseo de su aprovechamiento agrícola, legándonos las técnicas de regadío aprendidas de los pueblos de Mesopotamia.
Introdujeron la al-brika (alberca) cuya función era la de servir de depósito de agua para luego ser distribuídas por las acequias (del árabe al-saqiya). El wikalat al-saqiya o "gobierno de la acequia" era la institución encargada de velar por el reparto justo y ordenado de este bien divino, predecesor del Tribunal de las Aguas de Valencia.
Los jardines sirvieron a la introducción de nuevas especies llegadas de Persia, la India y Mesopotamia, como el arroz, el azafrán, los bananeros, las espinacas, las moreras, buena parte de los cítricos, las palmeras datileras, los melocotoneros, melones y sandías, la alcachofa, la albahaca, el sésamo y un largo etcétera. Sirvieron también de farmacopea desarrollando los conocimientos del griego Dioscórides.
En el conjunto de los espacios irrigados debemos distinguir el bustan o munya, espacio situado extramuros en ocasiones ligado a alguna al-munya, propiedad de la realeza o de algún alto funcionario. En algunos casos llegaban a ocupar una gran superficie y su finalidad era económica a la vez que estética y experimental, a diferencia del yanna donde prevalecía la finalidad productiva.
Tal fue el gusto por los jardines, por la naturaleza, por el deleite en sus placeres, que en el marco de las almunias (residencias campestres de los nobles) llegó a inspirar un movimento literario de influencia persa. El género lírico rawdiyyat aludía a los jardines en general, y el nawriyyat especificamente a las flores. De ambos, el valenciano nacido en Alcira, Abu Ishaaq Ibrahim Ibn Jafaya (1058-1139), apodado al-Yannan ( el jardinero) fue uno de sus más notables exponentes.
                          A la brisa se entrega el alhelí
                          en un confidencial susurro.
                          La oscuridad intensifica su fragancia
                          y se esparce en la noche
                          para revelar su secreto.
                          Al atardecer se va deslizando
                          en busca de su amor allende las tinieblas,
                          mas se recoge al amanecer
                          como si asomase el alba a vigilarle.
                                 La brisa y el alhelí. Ibn Jafaya
                          El jardín ha levantado sobre nosotros
                          una cúpula de rociado ramaje,
                          mientras las copas, como estrellas,
                          giran en nuestras manos.
                          En torno a él, una acequia
                          le hace parecer una hermosura
                          ceñida por la cintura.
                          Sus flores son luces
                          que atraviesan el jardín sombrío.
                                 El jardín, una hermosura. Ibn Jafaya.
El jardín árabe es, en resumen, huerto productivo, laboratorio botánico, jardín mítico y fuente de inspiración poética.
Tras la marcha de los árabes, una nueva aristocracia marcaría los designios de la península. Tal vez los largos años en el campo de batalla conformaran un carácter poco amante de refinamientos, por que lo cierto es que, salvo excepciones, el interés por el saber, la poesía o la filosofía pasarían a un segundo plano. Pese a ello, la jardinería árabe tuvo cierta continuidad en manos de las expertas manos mudéjares, pero en expresiones ahora recluídas a los ámbitos cerrados de monasterios y palacios. Perdió por tanto vinculación con el entorno y utilidad pública. Y suerte que no se perdió completamente su legado, ya que de existir una aportación a la disciplina de la jardinería, de la que por nuestra podamos presumir, esta es sin duda la que tiene su origen en nuestro pasado andalusí.
Los jardines de Alpuente
Pocos son los restos que aún perduran del periodo en el que Alpuente fue árabe y apenas pueden darnos una idea aproximada de su configuración urbana y de su relación con el entorno. Conservamos la Aljama sede de la alcaicería y atarazana. Del castillo, conservamos sus trazas y aun podemos distinguir su Torre del Homenaje, aljibes y cisternas. Conocemos el trazado de la muralla que protegía la medina y que llegó a tener catorce torres. Sabemos también de la localización de la Mezquita Mayor.
A falta de testimonios más concretos, solo podemos completar su imagen estableciendo un paralelismo con el urbanismo musulmán de otros asentamientos coetáneos mejor documentados. Pero dejemos para otro momento especular sobre lo que pudieron ser su alcazaba, sus mezquitas dentro y fuera del recinto amurallado, sus baños, públicos o privados. Ya en el arrabal sus hornos, mesones, tejares, alfares, tenerías, sus casas con patio y su necrópolis.
Centrémonos en imaginar algo que para Alpuente puede tener hoy una utilidad directa para su desarrollo: tratemos de reconstruir la imagen de como fue la relación de lo urbano con su entorno. Para ello traslademos a nuestra Villa imágenes de los palacios y jardines taifas de al-Mukarram y al-Mubarak en Sevilla, del palacio de la Aljafería de Zaragoza, de los palacios del rey al-Ma´mun de Toledo, de los jardines de los reyes taifas de Almería. Maticemos, claro, la suntuosidad, la extensión de sus jardines y riqueza de sus materiales, pero apliquemos su misma sensibilidad en el uso de la vegetación, del agua, el tratamiento de las vistas, por que sin duda estarían presentes en la configuración de su paisaje.
Imaginemos una al-munya en un lugar próximo a la actual Villa, donde contemplar desde sus jardines aterrazados el castillo y toda la medina. Aguas cristalinas corren por sus acequias o se almacenan en sus albercas. Aguas sonoras y aguas mansas en las que la arquitectura se refleja. Alineaciones de cipreses y almendros acompañan su geometría o enmarcan vistas. Aromas a jazmín y fresca sombra de higueras y nísperos. Lirios, rosas y alhucemas. Los jardines tienen continuidad en el yana (actuales huertos). Un espacio irrigado, dedicado al cultivo productivo de hortalizas, frutales, plantas aromáticas y medicinales. Pasear por ellos constituye igualmente un verdadero placer para los sentidos. Allí donde el agua es más escasa se dedican las tierras al cultivo de variedades de la vid: al-zabib o acebibe, asali o uva melar, muski o uva moscatel, al-'aris o uva de parra. En el arrabal, casas humildes en las que no faltan patios, y en la medina jardines de palacio y patio arbolado de la Mezquita. Miradores a la Hortichuela y a los huertos permiten contemplar el paisaje en toda su extensión.
Tal vez fuera Abú Sa'íd el último en disfrutar de este rico vergel. Tras la reconquista cristiana, una nueva sensibilidad se instalaría en nuestras tierras. No hay motivo alguno para a priori, poner en cuestión las sucesivas transformaciones urbanas que a lo largo de los siglos se sucederían. Sustituciones de edificios, ampliaciones, adaptaciones de sus fachadas a estilos en vigor o crecimiento urbano son parte también de su historia. Pero caso bien distinto es cuando en estas transformaciones se olvidan los logros consolidados por sus predecesores. El diálogo de lo urbano con el entorno, la relación de lo construido con lo vegetal, el saber conjugar lo productivo con lo placentero fueron sin duda logros de su cultura. Tras su marcha, puede afirmarse que la preocupación por el paisaje sufrió un claro retroceso y hay en ello una evidente pérdida cualitativa.
Iniciábamos el texto haciendo referencia a dos elementos básicos que han determinado la morfología de Alpuente: la peña rocosa sobre la que se construyeron sus defensas y la ladera, que una vez aterrazada, sirvió de sustento. No se entiende la Villa de Alpuente sin ellos. Hace tiempo ya que el castillo perdió su utilidad defensiva, pero conscientes de su lugar en la memoria histórica, dedicamos no pocos esfuerzos a su conservación. La misma consideración merecen los huertos. Forman parte también de nuestro paisaje y urge recuperlos. Recuperarlos como espacio vital, histórico y productivo, fuente de ingresos y lugar de esparcimiento. Si a estas alturas del texto, aún duda de la relación que puede guardar esta descripción histórica de jardines y paisajes árabes con nuestro desarrollo, transcriba sus conceptos a la actualidad. Donde lea introducción de especies, laboratorio botánico y huerto productivo piense en los modernos cultivos ecológicos. Donde lea almacenamiento de agua en albercas y su distribución por acequias, entienda uso sostenible de recursos. Donde lea deleite de los sentidos imagine los actuales huertos recuperados para el esparcimiento público. Los árabes reinterpretaron su herencia persa para dar forma a sus jardines. Alpuente tiene hoy en la reinterpretación de la sabiduría y sensilidad árabe con el entorno, una sólida referencia para recuperar su paisaje.



jotatrujillo dijo
Nadie puede dudar de tu amor y tus conocimientos sobre el pueblo y la región que te vió nacer. Deberías ser su hijo predilecto y cronista oficial del mismo.
Muchas gracias por leerme y por tus comentarios ,siempre enriquecedores.
Saludos y sonrisas.
1 Abril 2006 | 06:18 PM