Las Eras
le petit village de Las Eras
por Jesús Carrión Olarte
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A poco que abandonemos la Villa de Alpuente en dirección norte, encontraremos la aldea de las Eras o aldea del Obispo Hernández. Una población situada en el estrecho margen que deja la carretera y el Reguero, principal cuenca hídrica del municipio que recoge las aguas provenientes de Javalambre para aportarlas finalmente al río Turia.
Sus casas se asientan sobre firme roca, de inmejorable asiento para sus cimientos pero inútiles para el cultivo, preservando en suma las tierras fértiles para su explotación. Porque el origen de esta aldea, como el de las restantes que conforman el municipio, hay que buscarlo en la expansión agrícola iniciada en el siglo XVIII, y en su caso concreto a la colonización de la Hoya del Chopo, compartiendo la labor de sus tierras con las aldeas próximas de Baldovar y El Chopo, hoy abandonada.

El trazado de las calles evidencia su crecimiento por simple agregación de casas y corrales, sin planificación previa, condicionados siempre por la difícil orografía. Calles sinuosas donde aún se puede disfrutar de su arquitectura vernácula. Muros de mampostería, aleros o herrajes. Soluciones de su modo de construir, algunos de especial valor, otros mas simples pero que el tiempo las ha dotado de su especial pátina.
Entre ellas encontraremos la casa natal de D. Joaquín Hernández y Herrero (1808-1868), quien fue obispo de Badajoz y Segorbe y dió a la aldea su segundo nombre. Casa humilde y probablemente no el ejemplo más valioso de esta arquitectura, pero cuyo significado histórico reclama una mejor conservación.

En alguna de ellas, descubriremos la mano reciente del hombre. Obras de rehabilitación destinadas a mejorar las condiciones de las viviendas, la habilitación de corrales, o a transformarlas en alojamiento rural. Algunas realizadas con especial esmero, unas preservando las soluciones constructivas de su arquitectura tradicional, sus texturas y materiales, otras incorporando parcialmente lo nuevo como signo de lo contemporáneo, pero con igual rigor y sensibilidad y en las que no falta la aportación de lo vegetal como contrapunto a las rectas líneas de la arquitectura. Ejemplos de agradecer ya que no siempre las adaptaciones a las exigencias actuales de habitabilidad son satisfechas con el respeto que merece el lugar.
Pero lo que sin duda distingue a esta aldea es su colindancia al Reguero. Curso fluvial modesto y variable en su caudal, que a su paso por Las Eras discurre primero regando sus huertos, para luego volver a hundir su cuenca en un nuevo barranco que llega hasta la Villa de Alpuente.

Y precisamente el desnivel que proporciona este incipiente barranco, permitió a este asentamiento contar con un molino harinero. Actividad esta de la molienda ligada al cultivo del cereal, y que da fe de la relación económica entre la distintas aldeas. Lamentablemente de dicho molino del XIX solo queda testimonio de su balsa (lugar donde se almacenaba el agua) y su cubo (conducto que conducía la caída del agua hasta el cárcamo), sin que ninguna indicación facilite su localización.
También en este lugar de la aldea, donde convive lo natural con lo edificado, encontraremos sus rincones más bellos. Porque enfrentados a un denso bosque de chopos, y entre construcciones menores de corral, se levantan, asentadas sobre la irregular roca, audaces edificaciones con muros de considerable altura. Sólidos paños de mampostería de impecable factura, sin apenas huecos y trabados con sillares de notable tamaño.
Pero si deambular por lo urbano ofrece interesantes ejemplos de su arquitectura, también su entorno natural mas inmediato merece ser explorado.
Remontado el curso del Reguero, nos encontraremos con una sucesión de choperas, alternadas por agrupaciones de juncos, carrizo y espadañas. Un tranquilo paseo que nos conducirá finalmente hasta el acueducto del siglo XVI conocido como Los Arcos, construido en su día para llevar el agua de la Fuente Nueva y Marimacho hasta la Villa y declarado recientemente Bien de Interés Cultural.
A medio camino de este paseo, o quizás a su vuelta, podemos optar por ascender la Loma de Las Eras. Nos acompañará ahora una vegetación arbustiva, encontraremos corrales que nos recuerdan su pasado ganadero, y dirigiéndonos hacia el sur, obtendremos la imagen más espectacular de la peña sobre la que se asienta la Villa de Alpuente y su castillo.

Si por el contrario optamos por seguir desde la aldea el curso de las aguas del Reguero, opción difícil ya que sus antiguos senderos son hoy casi impracticables, nos adentraremos en la hondura del barranco. Un lugar donde sus charcas y remansos, debieran alimentar su riqueza natural y permitirnos también tomar un baño si no fuera porque la calidad de sus aguas no es que la sería deseable.
A unos quinientos metros, rodeado por impresionantes paredes verticales de roca caliza, las ruinas de nuevo molino de balsa nos recuerda que no hace mucho, progreso y respeto por la naturaleza no estaban reñidos. Mas adelante sus paredes se estrechan, y las aguas se precipitan en cascada, encaminándose hacia un nuevo barranco, este conocido como de Las Buitreras, Llegados hasta este punto, oyendo el rumor de la caída del agua y contemplando una vez más la impresionante mole de la Villa, debamos tal vez dar por finalizado nuestro recorrido.
Le petit village de Las Eras
À peu que nous abandonnons la Ville d'Alpuente en direction nord, nous trouvons le petit village de Las Eras, aussi connu comme aldea del Obispo Hernández (de l'Évêque Hernández). Une population qui s´etand dans la marge étroite qui laisse la route et le Reguero, principal cours fluvial de la municipalité qui recueille les eaux provenantes de Javalambre pour les apporter finalement à la rivière du Turia.
Ses maisons se déposent sur roche ferme, d'un siège parfait pour ses fondations mais inutiles pour la culture, en préservant en somme les terres fertiles pour son exploitation. Parce que l'origine de ce village, comme celui des restantes qui conforment le territoire d’ Alpuente, il faut le chercher a l'expansion agricole initiée au XVIIIème siècle, et dans son cas concret à la colonisation de La Hoya del Chopo , en partageant le travail de ses terres avec les villages proches de Baldovar et de El Chopo, aujourd'hui abandonnée.
Le tracé des rues met en évidence sa croissance par une agrégation simple de maisons et de cours, sans une planification préalable, conditionnés toujours par la difficile orographie. Des rues sinueuses où l´on peut encore jouir de son architecture rurale. Des murs de maçonnerie, d'auvents ou de ferrures. Solutions de sa manière de construire, certains de valeur spécial, autres plus simples mais que le temps les a dotées de sa patine spéciale. Entre celles-ci nous trouverons la maison natale de D. Joaquín Hernández y Herrero (1808-1868), qui fut évêque de Badajoz et de Segorbe et a donné au village son deuxième nom. Une maison humble et probablement non l'exemple le plus précieux de cette architecture, mais dont sa signification historique réclame une meilleure conservation.
Dans certaines d'elles, nous découvrirons la main récente de l'homme. Réhabilitations destinées à améliorer les conditions des logements, l'habilitation de cours, ou à les transformer en logement rural. Certains réalisées avec un soin spécial, les unes en préservant les solutions constructives de son architecture traditionnelle, ses textures et ses matériels, les autres en incorporant partiellement le nouveau comme signe du contemporain, mais avec une rigueur égale et une sensibilité dans laquelle il ne manque pas l'apport du végétal comme contrepoint aux lignes droites de l'architecture. Des exemples de remercier puisque pas toujours les adaptations aux actuelles exigences d'habitabilité sont satisfaites avec le respect qui mérite le lieu.
Mais ce qui sans doute distingue ce village s´est sa proximité au Reguero. Un cours fluvial modeste et variable, qui à son pas par Las Eras s'écoule d'abord en arrosant ses vergers, pour tout de suite recommencer à plonger son bassin dans un nouveau ravin qui arrive à la Ville d'Alpuente.
Et précisément la dénivellation qui proportionne ce ravin naissant, a permis à ce village de disposer d'un moulin de farine. Activité celle-ci de la mouture liée à la culture de la céréale, et qui fait foi de la relation économique entre les différents villages. Regrettablement de ce moulin du XIX eme reste le témoignage de son radeau (un lieu où l'eau était accumulée) et son cube (le conduit qui conduisait la chute de l'eau jusqu'au cárcamo), sans qu'aucune indication ne facilite sa localisation.
Aussi dans ce lieu du village, où coexiste le naturel avec l'édifié, nous trouverons ses plus beaux coins. Parce qu'affrontés à un bois dense de peupliers, et entre des constructions plus petites de cour, ils se lèvent, assises sur la roche irrégulière, les constructions audacieuses avec murs de hauteur considérable. Murs solides de maçonnerie de facture impeccable, sans à peine des creux et joints avec pierres de taille remarquable.
Mais si déambuler par l'urbain offre des exemples intéressants de son architecture, aussi son environnement naturel le plus immédiat est méritant d'être exploré.
Remonté le cours du Reguero, nous trouverons une succession de peupleraies, alternées par des groupements de joncs, de roseau à balais et de massettes. Une promenade tranquille qui nous conduira finalement jusqu'à l'aqueduc du XVIème siècle connu comme Les Arcs, construit pour porter l'eau des sources de la Fuente Nueva et de la Marimacho jusqu'à la Ville et déclaré récemment monument d'intérêt.
À un demi-chemin de cette promenade, ou bien à son retour, nous pouvons choisir de monter la colline connue comme Loma de las Eras. Nous il accompagnera maintenant une végétation arbustive, nous trouverons des cours qui nous rappellent leur passé d'élevage, et en nous dirigeant vers le sud, nous obtiendrons l'image la plus spectaculaire du rocher sur lequel est construit le chateaux d'Alpuente.
Si au contraire nous choisissons de suivre depuis le village le cours des eaux du Reguero, option difficile puisque ses anciens sentiers sont aujourd'hui presque impraticables, nous nous enfoncerons dans la profondeur du ravin. Un lieu où ses mares et ses étangs devaient nourrir sa richesse naturelle et aussi nous permettre de prendre un bain s'il n'était pas parce que ses eaux n´ont pas a nos jours la qualité qui serait désirable.
À environ cinq cents mètres, entouré par des impressionnants murs verticaux de roche calcaire, les ruines d´un autre moulin nous rappelle qu'il n'y a pas longtemps, progrès et respect de la nature n'étaient pas contraposés. Plus loin ses murs se rétrécissent, et les eaux se précipitent dans une cascade, en se dirigeant vers un nouveau ravin, connu comme de Las Buitreras, Arrivés à ce point, en entendant la rumeur de la chute de l'eau et en contemplant encore une fois l´ impressionnant rocher de la Ville, devons donner peut-être par terminé notre parcours.
música: Variaciones Goldberg.Aria (J.S.Bach / Glenn Gould)-The Glenn Gould Editions-1956 Sony Music


Juan dijo
He descubierto este blog hace algunos días y estoy disfrutando con sus lecturas y los paisajes.
Enhorabuena a su hacedor.
A ver si algún día me animo y hago una visita.
Un saludo de nuevo.
23 Enero 2006 | 01:44 PM