03 - la humanización del paisaje
por Jesús Carrión Olarte
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Iniciábamos el anterior artículo estudiando los diferentes elementos que componen un paisaje, para concluir introduciendo el concepto de paisaje humanizado. El término paisaje humanizado, es utilizado en una primera acepción, para dar nombre a aquellos paisajes próximos al natural, pero en los que podemos identificar la intervención del hombre. Con él nos referimos a aquellos paisajes, tan comunes en nuestro territorio, que no son ni urbanos ni naturales.

Una acepción más general nos lleva a pensar que en dicho término podemos englobar la casi totalidad de los paisajes, ya que en la actualidad no existe el paisaje natural en su estricto sentido. La humanización del paisaje, en mayor o menor grado alcanza todos los rincones de nuestro territorio.
Nuestros paisajes no son consecuencia de una relación inexorable con la naturaleza, sino la manifestación de una relación relativamente libre, en mayor medida cuanto mayor es la capacidad del hombre para configurarlo.
Quisiera en este escrito incidir en dos aspectos implícitos en esta humanización del paisaje: la responsabilidad que ello conlleva y el dinamismo de los paisajes.

Si en los albores de nuestra historia, la capacidad de modificación del medio era escasa y por tanto pocos juicios podría despertar su incidencia, desde la Revolución Industrial hasta la fecha esta capacidad se ha visto multiplicada de tal modo que nuestros territorios son vulnerables a nuestros propios actos, hasta el punto de poder afirmar que su destino está hoy en nuestras manos. Se impone por tanto, ya entrados en el siglo XXI, valorar la repercusión de nuestras acciones.
El segundo aspecto es el de entender los paisajes como procesos dinámicos. Heredamos nuestros paisajes configurados como estructuras útiles a las sociedades que nos han precedido. Pero si nuestros paisajes revelan lo que hemos sido, también son muestra de los que somos. El paisaje solo puede entenderse, al menos de forma plena, como escenario vital.
Asumiendo la transformación del paisaje como hecho implícito de su proceso vital, solo un conocimiento profundo de su estructura, una identificación de sus valores, de sus imágenes y símbolos puede dotar a nuestras decisiones futuras de responsabilidad y convertirlas en sólidas acciones en su configuración.
Siendo el paisaje un patrimonio colectivo, también su defensa recae en toda la comunidad. Se hace por tanto necesario la educación en el paisaje como conocimiento indispensable del medio. El paisaje, como concepto puramente humano, solo existe si alguien lo reconoce y lo valora. Aprender a leer nuestros paisajes es dotar de significado y valor a nuestro territorio. Sería deseable que la formación de las nuevas generaciones, tantas veces cargados de materias ajenas a su hábitat, a su modo de vida o a sus intereses, incluyera un mayor conocimiento del lugar donde se habita, lugar que pronto les reclamará la responsabilidad de su transformación.
música: Canarios (Girolamo Kapsberger/Jordi Savall)- El pájaro de la felicidad - 1993 Éditions musicales AUVIDIS

