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La Coctelera

Categoría: territorio

Despoblación

UN PAISAJE SIN DUEÑO

La pérdida de habitantes rurales está acabando con el patrimonio natural

Por Tana Oshima. Natura, suplemento del El Mundo, 8 de septiembre de 2009

Despoblación? No, ¡vaciamiento! ¡España está vacía por dentro!», dice un portavoz del Observatorio Español de la Sostenibilidad al otro lado del teléfono. «Nada nuevo: lleva ocurriendo 50 años», comenta, a su vez, Julio Pérez Díaz, demógrafo del CSIC.

Cierto: prácticamente todos los madrileños, por ejemplo, 'tienen un pueblo'. Esto quiere decir que sus progenitores o abuelos salieron del campo y ahora vuelven en familia durante las fiestas locales. Algunos se quedan una temporada ahora que hay crisis; otros, atraídos por la vida campestre. Por eso también se habla de una leve ralentización del éxodo rural. «La pérdida de habitantes se ha paralizado ligeramente en estos últimos años», afirma Jesús Casas, director general de Desarrollo Sostenible en el Medio Rural, del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino (MARM). Pero, a vista de pájaro, el paisaje sigue estando hueco.

Ni las dificultades económicas temporales ni las segundas residencias -ni los llamados neo-rurales- devuelven realmente la vida a los pueblos: no son suficientes para crear tejido social. «No suponen un repoblamiento con dinámica propia», explica el demógrafo. Y si en algo coinciden los expertos es que sigue haciendo falta, al margen de capitalinos que regresan de vacaciones y algunos escasos neo-rurales emprendedores, gente que se dedique a las labores tradicionales del campo. Porque los que quedan ya son ancianos y sus descendientes no pueden o no quieren continuar la tradición.

«La despoblación en España ha llegado a unos límites no admisibles», vuelve a aseverar el director general. Es el caso de Teruel, Soria o Zamora, donde hay verdaderos desiertos humanos. Algunas localidades tienen una densidad de un habitante por kilómetro cuadrado: una única persona en cientos de metros a la redonda. Se trata de promedios, naturalmente, pero son de los más bajos de Europa. La leve recuperación de pobladores rurales en los últimos años no parece estar desviando esta tendencia general, hermana gemela de la litoralización y el crecimiento de las grandes ciudades. «Seguimos yendo hacia una España muy poblada en la periferia y vacía en el interior», apunta. Las ciudades se hacinan, el campo se vacía. La historia se repite y alimenta desde hace cinco décadas.

PAISAJES INTERVENIDOS

El problema es especialmente grave en un país como el nuestro, con un carácter bastante rural con respecto a la media europea -el 25% de la población nacional vive en municipios rurales- y cuyo paisaje es resultado de la actividad humana perpetuada durante milenios. «España no es un lugar prístino, como los que hay en Canadá o en la Patagonia, sino un sistema natural intervenido. El mantenimiento de esos valores está asociado al hombre», continúa Jesús Casas.

Desde hace décadas, la mecanización del campo ha hecho que se obtenga más rendimiento con menor mano de obra, por lo que la actividad en el sector primario ha caído en picado. Hasta tal punto que en España desaparece un rebaño cada día, acogotado por unos precios de venta muy bajos y unos costos de producción muy elevados. En pocas palabras, nos estamos quedando sin campesinos.

«Existen ya indicios de que el abandono de la actividad ganadera está aumentando poco a poco la superficie forestal descontrolada en España [sin herbivoría, las plantas crecen]», añade. «Existe el riesgo de que el paisaje se homogeneíce. Habría entonces una pérdida de biodiversidad importante», señala el director general.

Es el caso de las dehesas, «el mejor invento del hombre» en palabras de Hermelindo Castro Nogueira, presidente de Europarc-España y profesor titular de Ecología en la Universidad de Almería. Fruto de milenios de gestión humana, la dehesa es el mejor ejemplo para ilustrar un sistema antrópico en el que no hay conservación sin producción, y viceversa. La dehesa es un sistema mucho más eficiente que el bosque primario e implica una biodiversidad propia, con especies endémicas como el águila imperial o el buitre negro.

Pero el abandono del campo está suponiendo también un abandono de esos paisajes que necesitan de la mano del hombre. Algo similar está ocurriendo con las salinas, «unos paisajes surgidos del aprovechamiento de las sales, que es un ritual que se ha llevado a cabo durante milenios y que ahora está desapareciendo», advierte Castro Nogueira. La pérdida de habitantes en el campo implica una pérdida del patrimonio natural, pero también del patrimonio cultural.

Tradicionalmente, los habitantes del medio rural han emigrado hacia las ciudades en busca de trabajo. Ahora, esa diáspora «no siempre se justifica desde el punto de vista laboral. En estos momentos, precisamente, se aguanta mejor la crisis en el campo que en la ciudad», dice Jesús Casas. «Pero el déficit de servicios es real, y hay que atenderlo».

Según el informe de Sostenibilidad Local del Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE), el 81,3% de la superficie agrícola útil española se considera desfavorecida. Por desfavorecida se entienden las zonas de montaña y todas aquéllas en las que hay poca población y en las que la base de la economía es el menguante sector agrario. En tales zonas, la falta de diversificación ocupacional agrava el problema del desempleo.

Las causas del 'vaciamiento' importan tanto como las consecuencias. La mecanización del campo y la consiguiente reducción de mano de obra, la falta de calidad de vida y de servicios en los pueblos y las expectativas que generan las ciudades crean una situación en la que la despoblación llama a la despoblación mientras las ciudades se congestionan más y más. Pero el mayor drama, quizás, sea la ignorancia con la que se vive en las capitales. «¿De dónde vienen los alimentos que tomamos, el agua que bebemos?», recuerda Jesús Casas. De hecho, una de las principales inquietudes de los profesionales de la conservación es esta desconexión entre la vida cotidiana y la naturaleza en las nuevas generaciones urbanitas (y, a veces, no tan urbanitas).

LO QUE EL CAMPO NOS DA

«El medio rural presta muchos servicios a la ciudad, mucho más allá de los alimentos. Presta servicios ambientales fijando el CO2 o limpiando el aire, pero también conserva un patrimonio cultural, ofrece una capacidad de estabilizar el territorio y de asumir los impactos del medio urbano. Además, aporta sosiego y tranquilidad», enumera el director general de Desarrollo Sostenible en el Medio Rural. «Hay que devolverle al campo todo lo que nos ofrece».

El mayor reto no es que la gente vuelva al campo, sino que se quede en él. Para ello es necesario aumentar la calidad de vida de los residentes locales, aún muy deficitaria. En muy numerosos casos las necesidades básicas sanitarias y educativas no están bien atendidas, y los aldeanos se ven obligados a trasladarse a otros municipios para cubrirlas. Los medios de transporte son además escasos y a menudo se trata de pueblos muy mal comunicados. Y con casi tanta gravedad como la ausencia de esos servicios básicos aparece la brecha tecnológica, que aísla aún más a estas localidades y ejerce un enorme efecto disuasorio tanto para los jóvenes locales como para posibles nuevos pobladores.

Pero, a veces, tal vez ni siquiera es un colegio o un centro de salud lo que necesita un pueblo. La falta de comunicación entre las administraciones y los vecinos de un municipio está en la base de esta desatención. «El problema es que los modelos de organización territoriales suelen estar dictados desde arriba», admite el director general. «Hay que escuchar a la gente para ver lo que quiere». Contra la despoblación, no se pueden aplicar fórmulas. «Hasta ahora, se había recurrido a la dotación de infraestructuras. Ahora hay que prestar atención a lo pequeño. Una autovía puede facilitar el acceso a una localidad, pero también puede ser un elemento desvertebrador. Cada pueblo puede tener unas necesidades distintas, y a veces las soluciones son más sencillas de lo que parecen», añade.

Una vez más, las energías renovables y las tecnologías verdes vienen a ofrecer su mano salvadora. Pero sólo en parte. «No se trata únicamente de producir riqueza económica. El dinero tiene que redundar en la población local y en su calidad de vida. En ese contexto, cualquier iniciativa es interesante», puntualiza Casas. Actuar a nivel local y fomentar actividades económicas es lo que hacen diversos grupos de acción, dedicados tanto a atraer nueva población como a fijarla. La Red Española de Desarrollo Rural (REDR) coordina este tipo de iniciativas a lo largo y ancho del territorio nacional, desde ecoaldeas a la universidad rural, pasando por el asesoramiento a nuevos emprendedores urbanitas que quieren instalarse en los pueblos.

En la mayoría de los casos, se trata de experiencias piloto financiadas por los fondos europeos para el desarrollo rural a través de las comunidades autónomas. Según REDR, los resultados son visibles a nivel local, pero sobre todo están permitiendo abrir nuevos caminos hacia otra visión del mundo rural.

No obstante, para algunos expertos, vivimos un proceso irremediable hacia otro modelo de sociedad. Un futuro, que, eso sí, «deberá ser sostenible para poder desarrollarse», explica Pérez Díaz.

«En las últimas décadas ha cambiado mucho la concepción de lo que es rural», afirma. «Muchas zonas que antes eran rurales ya no lo son, aunque lo sigan pareciendo por el paisaje. En realidad, ahora están prestando servicios urbanos». Además, matiza el investigador, las ciudades absorben a los municipios colindantes y van tejiendo un continuo urbano en el que es difícil distinguir los límites entre una y otros. «Si utilizas criterios estadísticos, un municipio rural es aquél que tiene menos de 50.000 habitantes. Si el criterio es el tipo de actividad, en muchos pueblos ésta es básicamente del sector servicios, lo cual sería una característica más propia de las ciudades», añade. Es lo que ocurre con algunos pueblos del Pirineo, por ejemplo, que «son 'muy rurales' en apariencia pero viven en realidad de una estación de esquí», comenta.

«Quizás vayamos al modelo suizo», continúa el demógrafo. «Allí, no sabes dónde termina la ciudad y dónde empieza el campo. Pero el mundo rural tiene calidad de vida».

Reapertura de mina en Titaguas

Acto público de Ecologistas en Acción la Serranía contra la reapertura de la mina de la Hoya del Hacha en Titaguas.

Nota de prensa de Ecologistas en Acción de La Serranía.

Numerosos vecinos acuden al acto público organizado por el Foro Social de Titaguas, y apoyan los argumentos de rechazo a la reapertura de la mina expuestos por Ecologistas en Acción de la Serranía

La Serranía, 20 de junio de 2009

El aforo del salón de actos del Ayuntamiento de Titaguas se quedó pequeño para asistir al acto público organizado el viernes 19 de junio por el Foro Social y donde intervino Robert Rubio, de Andilla, como representante de Ecologistas en Acción de la Serranía.

Rubio hizo un repaso por las diferentes motivaciones que pueden llevar al ayuntamiento a decidir reabrir la instalación minera de la Hoya l’Hacha, además analizó detalladamente la aportación económica que la empresa Caolines la Piedra aseguraba que iba a realizar en Titaguas y demostró que estas aportaciones económicas son del todo exiguas, falsas y que no existe mecanismo legal para controlar la veracidad de los datos aportados por la empresa.

Según afirman fuentes del consistorio, la empresa Caolines la Piedra se comprometió a generar “más o menos cuatro puestos de trabajo” en la mina y a aportar “aproximadamente unos 28.000 € anuales” como consecuencia de la actividad extractiva.

El análisis de estas cifras por parte de Robert Rubio demostró la falta de rigor de la empresa ya que esto significa la extracción únicamente de 2’6 camiones de caolín diarios, según sus palabras “estas cifras son del todo ridículas, son mentira y se trata de una estafa al pueblo de Titaguas i a la Serranía”.

Según estimaciones de Ecologistas en Acción, la actividad de la mina una vez abierta, debe superar la cantidad de 40 camiones diarios, para así poder aproximarse a la producción actual de Caolines la Piedra en el caso de cerrarse la mina la Filomena. Esta mina está ubicada en Andilla y pertenece al mismo grupo comercial, y ha sufrido varios expedientes y denuncias a lo largo de su actividad por irregularidades cometidas contra la ordenación del territorio, la usurpación de caminos y parcelas, y la apertura de viales sin permisos preceptivos entre otros.

Este volumen extractivo estimado supondría la aportación al municipio de más de 80.000 € anuales puesto que la empresa se comprometió a pagar más de 0’16 € por cada tonelada extraída, lo que contrasta con la cifra que ofrece Caolines la Piedra que aportará a las arcas municipales (28.000 € anuales).

La diferencia entre las cifras ofrecidas por la empresa y las reales son por la aplicación del decreto 82/2005, del 22 de abril, del Consell de la Generalitat, de ordenación Ambiental de Explotaciones Mineras en Espacios Forestales de la Comunidad Valenciana, que valora las aportaciones económicas de las explotaciones mineras a los municipios según el Plan de Labores, específico para cada mina, y que estima a la baja el volumen de explotación además de impedir de manera legal el control de las cantidades de mineral extraído.

Este decreto se aprobó por la mayoría absoluta del PP y consiste en una normativa a medida para las empresas mineras, donde únicamente se considera su interés económico por encima de los derechos de los ciudadanos, ya que los serranos son los dueños del recurso y del derecho a decidir su futuro. Para Rubio es falsa la necesidad de reabrir la mina cuando en todos los municipios de la Serranía se están cerrando las explotaciones existentes debido a dos factores económicos principales: la concentración de la producción en unos pocos grupos inversores que controlan la oferta mundial y la gran crisis del sector de la construcción en las economías occidentales. Por ello la reapertura de esta mina responde a intereses estratégicos de poder en el conjunto de la producción española y de preservar los derechos de explotación de antiguas minas, por lo que es de prever que al poco tiempo de iniciar la explotación esta se cierre por falta de viabilidad económica.

Todos los asistentes negaron la necesidad de la actividad minera en un pueblo volcado con el turismo de fin de semana y con las actividades agropecuarias.

Para Ecologistas en Acción la apertura de esta mina no representa aportación económica significativa para Titaguas, ni solucionará siquiera en parte ninguna de las causas que provocan graves problemas de fijación de población en la comarca. Bien al contrario, supondrá una degradación ambiental que impedirá cualquier actividad futura de turismo, impedirá la posibilidad de optar por un modelo de desarrollo sostenible y generará graves afecciones a la población como son la contaminación ambiental por polvo en suspensión, la contaminación y destrucción de acuíferos, el impacto generado por el tráfico pesado dentro de la población, así como la afección irreversible a la flora y la fauna de la zona, generando graves problemas de salud y eliminando el bienestar ambiental que ahora goza la población.

Esta realidad se puede observar en pueblos como Alpuente con más de 80 explotaciones mineras (entre activas y paralizadas) y cuyo alto nivel de extracción de minerales no ha podido frenar el despoblamiento ni ha supuesto la mejora de servicios para la población.

Según Robert Rubio, “se están llevando el recurso a manos llenas, a precio barato y no nos dejan nada más que residuos mineros. A la serranía sólo le queda el paisaje, la tranquilidad y el exuberante medio ambiente, de abrir esta mina no tendremos ni eso”.

Según Ecologistas en Acción de la Serranía el futuro de la comarca pasa por el mantenimiento de los valores ambientales, el impulso y la adecuación de la actividad industrial sostenible y la explotación de nuevas vías de desarrollo acordes con el medio ambiente que consigan cubrir las necesidades de los habitantes de la comarca sin comprometer los recursos para las generaciones venideras.

Para ello se propone la explotación de minas con otras técnicas extractivas, la investigación en la explotación energética de recursos naturales renovables como el cultivo de colza, la instalación de una planta de aprovechamiento de la biomasa y el reforzamiento de la actividad agrícola y ganadera tradicional adecuada a las técnicas de producción biológicas.

La última parte del acto consistió en la rueda de opiniones de los más de 60 vecinos de Titaguas asistentes a la convocatoria del Foro Social donde todos ellos, sin excepción, mostraron su negativa a la apertura de la mina. También se hizo sentir la necesidad de ir todos a una sin condicionantes políticos para frenar esta agresión a Titaguas.

Uno de los momentos más intensos se vivió cuando Ecologistas en Acción de la Serranía aseguró que trabajará con todos los medios posibles para que esa mina no se reabra nunca.

Plan Eólico Valenciano. La opinión de Óscar Tena

"NUESTRO TERRITORIO SOPORTA EL IMPACTO Y OTRAS ZONAS SE LLEVAN LOS PUESTOS DE TRABAJO"

Óscar Tena es presidente de la Mancomunitat de Els Ports y alcalde de Vilafranca.

Las Provincias, 21.06.09 -P. T. CASTELLÓN

El despliegue de los parques eólicos, sin embargo, también tiene su lado negativo. El Plan Eólico se presentó, en 2001, como la oportunidad que no podía perder el interior para garantizarse un futuro próspero.

Ocho años después, la realidad es distinta. «La implantación de los parques eólicos instalados sólo ha supuesto unos 60 empleos fijos en toda la comarca y no han generado otras industrias complementarias que pudieran crear empleo en la zona. Es decir, Els Ports sigue perdiendo población y en pocos años muchos pueblos pequeños se quedaran sin habitantes», denunció el presidente de la Mancomunitat de Els Ports y alcalde de Vilafranca, Óscar Tena.

La ampliación en 340 megavatios de la potencia instalada en los municipios de la comarca supondrá mayores ingresos directos, pero todo apunta a que seguirán sin llegar otras inversiones complementarias que permitan dinamizar la comarca.

En este sentido, Tena lamentó que «como ya pasó en la anterior implantación, las inversiones que generan empleo y desarrollo se realicen en otros municipios de la costa como la Vall d'Uixó o en Les Les Coves». En este sentido, la principal inversión de Sistemas Energéticos de Levante por la adjudicación de 298 megavatios de potencia en Els Ports será la construcción de la primera planta termosolar de la Comunitat, pero ni tan siquiera se construirá en la provincia de Castellón.

«Nuestro territorio soporta el impacto negativo de los parques eólicos, las torres, los tendidos eléctricos, las pistas de acceso, el paso de camiones, etc, y otras zonas más prósperas la generación de puestos de trabajo», abundó el primer edil de Vilafranca.

Tena insistió en que el Plan Eólico no está alcanzado las expectativas que se habían depositado en él: «Los alcaldes llevamos años reclamando proyectos vitales como polígonos industriales, residencias de la tercera edad, SAMU y mejoras en infraestructuras, pero a pesar de las diversas reuniones y las buenas palabras no se han materializado en hechos». Mientras, la comarca sigue perdiendo población y «en pocos años muchos pueblos pequeños se quedarán sin habitantes», auguró.

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Ir la sección parques eólicos, con artículos de opinión, información sobre el Plan Eólico Valenciano y los parques eólicos en La Serranía.

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Joan Nogué opina...

JOAN NOGUÉ I FONT: "LAS ZONAS TURÍSTICAS TENÍAN QUE HABER TRATADO EL PAISAJE COMO UNA JOYA"

Joan Nogué es catedrático de Geografía Humana de la Universidad de Girona, director del Observatorio del Paisaje de Cataluña, premio Jaime I de Urbanismo, Paisaje y Sostenibilidad 2009.

Nogué es un pionero que ve recompensado su empeño por contribuir a una nueva conciencia a la que pretende llegar "educando" la mirada de los niños y la de una sociedad que ha permitido la destrucción sistemática de uno de sus principales valores: sus paisajes.

JOSÉ SIERRA VALENCIA. Diario Levante, domingo 14 de Junio de 2009.  "Nunca como ahora se había hablado tanto del paisaje", escribió Nogué en Retorno al Paisaje, un libro editado en Valencia por Evren, en parte porque "la expansión galopante de la ciudad dispersa, vinculada al auge extraordinario del sector de la construcción, ha sido capaz, por primera vez en la historia, de transformar la fisonomía de miles de hectáreas en un cortísimo espacio de tiempo". Resulta extraño que le premien en un lugar que no se caracteriza por haber respetado sus paisajes ... El premio lo concede un jurado que ha valorado un curriculum, independientemente del entorno. Se premia a una persona, una forma de trabajar durante 25 años. En cualquier caso la destrucción del paisaje afecta a toda la costa y no solo en el entorno mediterráneo ni exclusivamente en España. En algunas zonas de Italia y Grecia ha habido procesos muy similares.

¿Qué explicación halla usted para esta conducta, casi suicida, que nos priva de un valor como el paisaje?

En última instancia uno puede acudir a los factores que todo el mundo conoce, aunque me gustaría remitirme a algo mas profundo presente en la sociedad española o mediterránea: y es que quizá no hemos interiorizado los valores inherentes al paisaje, no solo como recurso turístico sino como espacio colectivo, como espacio de identidad local. Son valores que en algunos ámbitos culturales distintos se han mantenido mucho mejor desde hace años.

¿Quizá han tenido menos presión?

Sí, sin duda, pero lo importante es que cambie nuestra cultura, nuestra sensibilidad. ¿Nadie se dio cuenta de que mataban la gallina de los huevos de oro? En las zonas donde se vive del turismo, el paisaje tenía que haber sido tratado como una joya. No es solo la necesidad de actuar éticamente en relación con las generaciones posteriores y legarles estos paisajes, sino desde un punto de vista mas egoísta, conservar el paisaje preserva también que nuestros hijos puedan vivir y ganarse la vida con el turismo.

¿La crisis ayuda?

Seguramente ahora y en parte por la crisis, pero no exclusivamente, también por una mayor sensibilidad, ahora somos conscientes de determinados procesos que hoy no se repetirían.

Pues algunos empresarios se se quejan de que hay demasiado suelo protegido

No conozco bien el caso valenciano, pero hay que reconocer, por ejemplo, que el plan para l'Horta es muy ambicioso. La huerta es uno de los paisajes agrarios mas fantásticos que existen en Europa y creo que el hecho de que se esté pensando en protegerlo es síntoma de que las cosas están cambiando y nuestra sensibilidad también. Quizá la crisis nos ha puesto delante de los ojos cosas que no veíamos o que no queríamos ver.

Usted insiste mucho en el trabajo con escolares y desde el Observatorio del Paisaje elaboran materiales de apoyo...

Yo creo que es posible educar la mirada de los ciudadanos y no en un sentido ilustrado, sino en un sentido democrático, de creer firmemente en la educación como vía para transmitir valores sociales compartidos y estoy convencido de que se puede educar la mirada para aprender a disfrutar del paisaje, de sus valores.

¿Cree evitable el impacto que de la energía eólica?

Hay que llegar a un punto de encuentro entre lo obvio, que es que las energías renovables son parte de nuestro futuro, y un adecuado emplazamiento de los aerogeneradores.

Siempre nos quedarán los polígonos industriales...

Es un déficit de Cataluña y de toda España. La poca planificación supramunicipal nos ha dejado una suerte de minifundismo en la localización de polígonos industriales que hay que evitar.

¿La legislación ayuda?

Ayuda, pero para mí lo importante es la concienciación social y llevar la cultura del paisaje a nuestra sociedad. Debemos aumentar la cultura ciudadana del espacio público y la conciencia territorial, la ambiental la de paisaje... Sueño con que algún día determinadas cosas no ocurran simplemente porque a nadie se le pase por la cabeza que eso puede hacerse sin más.

Nuevo catálogo ZEPA

Conselleria de Medio Ambiente, Agua, Urbanismo y Vivienda. ACUERDO de 5 de junio de 2009, del Consell, de ampliación de la Red de Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) de la Comunitat Valenciana.

> DOCV nº 6031 de 9 de junio de 2009.

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La noticia en la prensa:

LA PRESIÓN DE EUROPA FUERZA AL CONSELL A PROTEGER MÁS ÁREAS PARA AVES

Las zonas ZEPA han pasado de 277.239 hectáreas a 722.938, incluidas las reservas marinas

Diario Levante. Sábado 6 de Junio de 2009

J. SIERRA VALENCIA El Consell de la Generalitat Valenciana aprobó ayer un nuevo catálogo de Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) que eleva a 778.784 la superficie incluida en esta red europea.

La nueva propuesta obedece en parte a la presión de la Comisión Europea, que llegó a denunciar a España ante el Tribunal Europeo de Luxemburgo por no haber clasificado el suficiente número de territorios como zonas ZEPA.

Carlos Arribas, de Ecologistas en Acción, hizo ayer una primera declaración favorable al nuevo catálogo, al que presentaron alegaciones en su fase de borrador, aunque dijo que es necesario "analizar en detalle la propuesta del Consell" antes de emitir un juicio definitivo.

Existe un aumento de superficie tanto en las zonas terrestres, que han pasado de 660.582 hectáreas a 722.938, como en las marinas, que suman ahora 55.846 frente a las 41.478 del borrador.

Oficialmente, la Comunitat Valenciana tenía declaradas desde 2006 y hasta ayer 18 zonas ZEPAS con un total de 277.239 hectáreas que representaban el 11,7% del territorio valenciano.

El nuevo acuerdo incorpora 25 territorios nuevos a la red, ampliando a 43 las zonas protegidas en la Comunitat Valenciana, lo que representa el 31,06 % de la superficie total.

El conseller José Ramón García Antón destacó que la decisión adoptada por el Consell supone ampliar en 400.000 hectáreas la superficie de las ZEPA existentes en la Comunitat, aunque ha añadido del total, solo 200.000 son nuevos espacios protegidos, ya que el resto contaba con otro tipo de protección.

Esto supone, según García Antón, que la Comunitat Valenciana tiene protegido el 39,68 por ciento de su suelo (unas 950.000 hectáreas) lo que, a su juicio, significa que el Consell está cumpliendo su compromiso de tener protegido el 40 por ciento de su superficie.

Todas las ONG rechazan el "parany"

Acció Ecologista-Agró, Gecen, Ecologistas en Acción y SEO/BirdLife repudiaron ayer las propuestas de los municipios donde se practica el "parany" en los que se han aprobado mociones instando al Gobierno valenciano a declarar esta modalidad de caza como parte de la cultura tradicional, y a que se cambie la ley de caza autonómica, que prohíbe esta práctica. Las ONG reiteraron a los titulares de las Conselleria de Medio Ambiente y de Cultura, al Delegado del Gobierno y a los responsables de los partidos políticos que están votando a favor de "despenalizar" el "parany", pese a estar declarado ilegal por el Tribunal Supremo y el Tribunal de Luxemburgo, su "más honda preocupación por la situación que se ha creado en torno a esta práctica de caza ilegal". levante-emv valencia

El Paisaje, cinco años después

En estos días volvemos oír hablar de Paisaje. Hablar de Paisaje por parte de nuestro presidente autonómico y conselleres me refiero. Porque hablar y también defender el paisaje, no pocos en esta Comunitat Valenciana lo llevamos haciendo, día a día y desde hace tiempo.

Volvemos oír hablar de la Ley del Paisaje, cinco años después de aprobarse. De aquella ley, aprobada el 30 de junio del 2004, en la que se habla del Paisaje como patrimonio, como elemento de calidad de vida, como condicionante en la ordenación del territorio. De aquella ley, que siguiendo las pautas de Convenio Europeo del Paisaje, incorpora, en teoría, la participación ciudadana. Participación ciudadana como también se hiciera, también en teoría, en aquella Agenda 21 o en aquellos Municipios Valencianos hacia la Sostenibilidad.

¿Y que se ha hecho en estos cinco años? En realidad poco, muy poco, más bien casi nada. Y no es baladí este retraso. Porque más que hablar de retraso, habría que decir que en esta materia el orden de los factores si altera el producto. Porque ahora ya, colmatado el litoral, invadidas montañas, proyectados parques eólicos, ejecutadas infraestructuras, consumados los abusos urbanísticos, …poco sentido tienen ya estudios y catálogos sobre paisaje.

Pero sí, volvemos a oír hablar de Paisaje. De nuevo, volvemos a ver sacar el conejo de la chistera.

LA APUESTA POR EL PAISAJE TOMA EL RELEVO DEL URBANISMO SALVAJE

El Consell destaca su puesta en valor como clave de competitividad

El País. Jueves 28 de mayo de 2009

SARA VELERT - Valencia -

La Generalitat ha defendido durante años el urbanismo desaforado como factor esencial del progreso y bienestar de la Comunidad Valenciana. Ahora la clave de la competitividad ya no parece estar en el ladrillo, sino en el paisaje. Así lo proclamaba ayer el escenario montado en el centro cultural de La Beneficencia de Valencia para la presentación de "la nueva política de paisaje de la Comunidad Valenciana". El presidente del Consell, Francisco Camps, habló de "una nueva manera de entender la Comunidad Valenciana", de una visión "diferente" capaz de aunar la protección y puesta en valor del paisaje común con las expectativas económicas y sociales de cada municipio.

Con la crisis y el parón de la construcción en primer plano, el Gobierno valenciano cambia el acento a su política territorial y destaca la importancia de preservar el paisaje como elemento de prosperidad económica, de calidad de vida y de identidad cultural. Ése es el eje de esa "nueva política", que reúne en una estrategia global los diferentes planes de protección del paisaje iniciados en esta legislatura, como los de la huerta histórica de Valencia o el del río Serpis y la Vall de Gallinera, y otros pendientes de redactar. Todos ellos estarán arropados por un estudio elaborado por la Consejería de Medio Ambiente que identifica, con ayuda de expertos y a través de encuestas, los paisajes más valorados de la Comunidad Valenciana y los que menos gustan.

El consejero de Medio Ambiente, José Ramón García Antón, fue el encargado de desgranar la estrategia territorial del paisaje, que parte de un plan de grandes corredores verdes cuya conexión y accesibilidad se pretende mejorar, y desciende luego a actuaciones sobre zonas concretas. Es el caso del paisaje del área de Valencia, donde se aboga por una gestión integral del parque natural del Turia, el de L'Albufera, la huerta y la franja litoral. O el gran parque provincial de Alicante, donde se crearía una red peatonal y de usos recreativos en torno a los espacios naturales ligados a los ríos Serpis y Monnegre. La estrategia, además, prevé mejorar el paisaje que flanquea grandes infraestructuras, como carreteras o el AVE; embellecer los accesos a las ciudades y reducir el impacto visual de zonas industriales.

No hay horizonte temporal definido para materializar estos planes, y tampoco un presupuesto concreto. Camps hizo un llamamiento a los alcaldes para "saltar" sobre los límites de sus términos municipales y abrazar "la apuesta colectiva" de mejorar el paisaje, de optimizar su gestión y facilitar su disfrute como patrimonio cultural y recurso productivo.

Y si la ocupación masiva del territorio con urbanizaciones no chocaba, a juicio del PP, con la protección de los espacios naturales de valor, también es posible seguir creciendo y proteger el paisaje. "Todo es compatible si se planifica con tiempo, se le da la fuerza de la participación colectiva y se sabe explicar", según Camps.

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La noticia en otros medios:

Camps aboga por una nueva política del paisaje compatible con el desarrollo Las Provincias 27/05/09

Nueva política del paisaje sin presupuesto Diario Levante 28/05/09

Alpuente, municipio polinuclear

Alpuente conserva hoy trece núcleos de población, otros tantos asentamientos diseminados. Esta estructura, aún hoy reconocible, es herencia de su historia, pero especialmente de un pasado no muy lejano, en una lógica de proximidad de los asentamientos con los recursos que lo sostienen. Una lógica que tiene mucho que ver con una agricultura y una ganadería, y los medios de comunicación de una época. A este modo de colonización de un territorio le llamamos estructura polinuclear.

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La importante expansión agrícola de los siglos XVIII y XIX, significó para el municipio de Alpuente el desarrollo de núcleos de población próximos a las superficies de cultivo. Hacia 1900, cuando todo el término contaba con unos 2800 habitantes, 425 habitaban en Corcolilla, 400 en El Collado, 300 en Baldovar. Aldeas hoy abandonadas como El Chopo o Cañada Seca contaban entonces con 85 y 50 pobladores respectivamente. En estas fechas, el núcleo de Alpuente tenía unos 350 habitantes.

Hoy nos referimos al núcleo de Alpuente como Villa de Alpuente, aldeas a todos los demás. Oímos hablar de municipio polinuclear, en ocasiones en alusión a su singular riqueza patrimonial, en otras, en referencia a las dificultades de su gestión. Pero, ¿qué significa realmente el término polinuclear?

En este artículo intentaremos profundizar un poco más acerca del significado de este término. De cómo funcionaba, y siguen funcionando, esta estructura de núcleos de población colonizando un territorio. En esta geografía rural, de poca densidad de población, no debe confundirse población aislada con población dispersa, dispersa pero con relación entre sí.

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En algunos de estos núcleos de población, La Canaleja, La Almeza, La Carrasca,… encontraremos una simple agregación de viviendas apoyadas en unos caminos preexistentes, allí dónde quedaba garantizado el abastecimiento de agua. Es un primer paso entre el asentamiento disperso y su evolución hacia estructuras más compactas y complejas, más complejas también en sus aspectos socio-económicos.

En otros como El Collado o Corcolilla descubrimos una trama urbana algo más desarrollada y compleja. Observaremos en su arquitectura popular alguna diferencia tipológica con respecto a las anteriores, arquitecturas más próximas a la propiamente urbana. Encontraremos edificios con cambra en sustitución de corrales. Y entre ellas alguna plaza a la que recae alguna construcción singular, como la iglesia de San Miguel y su abadía en El Collado, o la iglesia de San Bernabé en Corcolilla, construcciones ya de cierta importancia. En la lejanía, sus torres campanario aún siguen destacado entre los tejados y podemos imaginar el sonido de sus campanas extendiéndose más allá de los límites de la aldea.

En todo este territorio encontraremos ermitas, que en clave territorial representan una unidad y cohesión social de esta población dispersa. Encontramos también molinos hidráulicos, hornos, lavaderos, escuelas, indispensables en su economía. Hoy los llamaríamos servicios generales, equipamientos, sin ellos una sociedad no puede funcionar.

En toda esta estructura polinuclear, condicionada en gran medida por la agricultura y la ganadería y por los medios de comunicación de una época, podemos suponer un cierto grado de autonomía entre los distintos asentamientos, autarquía tal vez en el caso de los rentos de Benacatázara o Vizcota. Pero la relación entre ellos, una relación jerarquizada entre las aldeas de mayor población con las menores cercanas es indudable. De ello puede dar buena fe la red de caminos, caminos que unen aldeas, aldeas con cultivos, aldeas con molinos, molinos con hornos,… Una red de caminos que enlazan distintos puntos cuya idea de cercanía venía lógicamente determinada por el tiempo que se tardaba en recorrer, y lógicamente este tiempo lo condicionan los medios de transporte de la época. Tener en cuenta esta circunstancia tal vez nos ayude a entender mejor las relaciones entre los distintos asentamientos. En definitiva, en la mayor parte, estructura de núcleos de población dispersos, que no aislados.

En todos estos casos, encontraremos buenos ejemplos de arquitectura tradicional, algunos de claro carácter rural, agregadas o dispersas, o tipologías en evolución hacia lo urbano. Arquitecturas productivas, molinos, hornos, lavaderos, que prestan servicio a una comunidad, arquitecturas singulares, ermitas, iglesias y abadías, que estructuran una trama urbana y la vida social. Son los signos más tangibles de la humanización de un territorio, de una identidad. Y este patrimonio cultural, arquitectónico, es también un patrimonio económico, un patrimonio de naturaleza inmobiliaria y por lo tanto no trasladable. Un patrimonio sobre el que se asienta buena parte de la población actual de Alpuente.

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De todo ello debe deducirse que el término polinuclear alude a algo más que la simple suma de núcleos, algo más de lo que tal vez pueda sugerir la hoy habitual expresión “Alpuente y sus aldeas”. Tal vez el término aldea, sin llegar a ser incorrecto, no refleje la importancia de algunos núcleos de población que llegaron a tener más población que la propia Villa. Y tal vez sea aconsejable considerar que buena parte de sus funciones siguen vigentes hoy en esta estructura.

Pero ¿cuanto de esta estructura polinuclear, condicionada en gran medida por la agricultura y la ganadería y por los medios de comunicación de una época, es aún hoy válida?¿Cuál debe ser el papel hoy en un municipio en el que buena parte de la población  vive en ella?

Obviamente, hay varias circunstancias que han cambiando. En primer lugar, la agricultura, y también la ganadería, pasan por una larga crisis. En segundo lugar, los actuales medios de transporte hacen que las distancias, o más bien los tiempos, se acorten considerablemente. Estas dos circunstancias, que justificaron en su día una estructura dispersa han cambiado considerablemente. Muy probablemente si hoy tuviéramos que elegir un modelo de asentamiento, el modelo adoptado sería muy distinto, probablemente optaríamos por un modelo más compacto. Pero este hecho, o hechos similares, serían igualmente aplicables a cualquier pueblo o ciudad europeos. Hoy, habitamos ciudades cuyos condicionantes en su origen son muy distintos a los actuales. No por ello las abandonamos, simplemente las transformamos de forma paulatina, sencillamente porque nos es mas rentable. No olvidemos que el patrimonio heredado, arquitectónico, infraestructuras, red viaria,… supone con mucho el mayor esfuerzo que una comunidad realiza durante su historia.

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En un municipio en el que más del 75 % de la población censada no vive en la propia Villa de Alpuente, en el que buena parte de su patrimonio se encuentra en su aldeas, tal vez fuera deseable conocer algo más de la interrelación entre los distintos núcleos y la población dispersa. Conocerla mejor y actuar en consecuencia.

Hoy, el municipio de Alpuente arrastra un retroceso en su población, un retroceso especialmente grave en sus aldeas. Algunas de estas se sitúan en el preocupante umbral previo a su abandono definitivo, siguiendo los pasos de las ya irrecuperables La Hortichuela, El Chopo, Vizcota o Cañada Seca. Esta pérdida de población es sin duda, como en tantos otros municipios de interior, el mayor problema de Alpuente. Tiene como marco general una crisis agrícola arrastrada desde décadas, pero ello no debe ser excusa para obviar políticas locales.

Cabe preguntarse si las acciones públicas, concentradas en su mayor parte en la Villa de Alpuente, tal vez bajo una idea de que lo que es bueno para la Villa es necesariamente y a priori bueno para todo el municipio, son o no las correctas. Cabe preguntarse si se ha entendido el funcionamiento de esta estructura polinuclear, sin duda compleja, que alberga buena parte del patrimonio arquitectónico –inmobiliario por tanto-, cultural, paisajístico e identitario, y sobre todo, en la que vive buena parte de su población.

En los últimos años, la Villa de Alpuente ha recuperado 50 habitantes, las aldeas han perdido 462. Obviamente el balance global es alarmantemente negativo: el municipio de Alpuente ha perdido en 7 años un tercio de su población. Estos datos, comprobables e irrefutables, recogen mejor que cualquier otro, mejor que declaraciones de intenciones o supuestas expectativas, lo acertado o no de unas políticas. Reflejan la decisión final de una población sobre elegir o no un municipio como lugar de residencia, su valoración sobre sus servicios, sus expectativas de empleo,… Cabe preguntarse si las acciones sobre este municipio polinuclear son las correctas, porque los datos no dejan lugar a dudas.

Arquitectura en La Serranía

Hablemos de arquitectura

Un paseo por las calles y plazas de los núcleos históricos de La Serranía nos descubre, tal vez, la imagen más grata, más entrañable, de muchos de nuestros pueblos. Aquella en la que descubrimos su historia, su modo de habitar, en buena medida, su identidad.

Pero ¿qué es un núcleo histórico? En realidad, la alusión a lo histórico incluye amplios períodos, diversas expresiones del modo de habitar. En ocasiones de claro carácter rural, en otras, más cercano a lo urbano. Arquitecturas populares o palaciegas, modestas ermitas o iglesias arciprestales, antiguos barrios árabes, juderías, restos de murallas, antiguas tramas urbanas o remodelaciones barrocas.

No falta en el contexto académico, interés por la arquitectura tradicional, por la arquitectura rural y su relación con el paisaje o por la evolución de las tramas urbanas. No es poca la bibliografía publicada que aborda los sistemas constructivos de sus arquitecturas, sus tipologías o su urbanismo. Tampoco la legislación al respecto, leyes de patrimonio que instan a reconocer como Bienes de Interés Cultural o de Relevancia Local a construcciones singulares, civiles o religiosas, construcciones con valor histórico, arquitectónico o etnográfico. O leyes sobre el paisaje, que incluyen como patrimonio a reconocer y preservar, el paisaje urbano y su relación con su entorno.

Tampoco faltan referentes ejemplares de iniciativas públicas de conservación en geografías cercanas. Planes apoyados en metodologías ya conocidas y ensayadas, que acometen con rigor el análisis de su patrimonio arquitectónico. Que identifican de forma pormenorizada sus elementos y concretan su protección, afrontando también las necesarias reformas para actualizar su habitabilidad. Planes acompañados claro, de financiación, y que en ocasiones aprovechan el impulso para la recuperación de oficios, del tejido productivo, en definitiva, del empleo ligado a la rehabilitación

¿Pero cuánto de este interés por el patrimonio arquitectónico ha calado en La Serranía?

Al margen de notables actuaciones puntuales, que las hay, públicas o privadas, tal vez debiéramos indagar en las estrategias públicas de carácter general, ya que estas, se entiende, representan una inquietud colectiva, se espera encaucen actuaciones e impongan la necesaria disciplina urbanística. Y estas estrategias públicas, en primer lugar, quedan recogidas en aquellos documentos, Normas Subsidiarias, Planes Generales, Normas Urbanísticas,…en los que se confía la ordenación del territorio y la concreción de lo construíble. Segundo, en las iniciativas de divulgación, porque difícilmente algo como la deseable calidad arquitectónica puede apoyarse simplemente en cumplimiento de ordenanzas y normativas. Y tercero, claro, concretando el necesario apoyo económico.

Un repaso a las figuras de planeamiento vigentes de los municipios de La Serranía denota en general un escaso análisis de su patrimonio construido, ausencia de clasificación de las distintas tipologías y exiguos catálogos. Ninguna figura de desarrollo que contemple específicamente la protección o en su caso la reforma. Al menos en los actualmente vigentes. ¿Recogerán los actuales Planes Generales de Ordenación Urbana en tramitación una mayor atención al patrimonio arquitectónico y su relación con el paisaje?

Y si una mayor atención a los núcleos históricos se hace ya urgente, no menos lo es la exigencia de una mayor calidad en lo nuevo. Porque lo nuevo, las nuevas áreas urbanizadas, es también reflejo de un modo de habitar, un reflejo también de cultura. Porque en la mayor parte de núcleos de población, sus núcleos históricos se complementan con nuevas aéreas urbanizadas. En ocasiones justificadas, en otras de tal superficie reclasificada, malogrando su entorno más preciado, que es más que dudoso su interés público. En cualquier caso, ninguna razón justifica por el simple hecho de no actuar en “lo protegido”, de no actuar en el área del núcleo histórico, prestarle una menor atención. Más bien, estas nuevas áreas debieran ser oportunidad para resolver bordes urbanos, apoyarse en las trazas del paisaje colindante, resolver nuevos modos y nuevas exigencias del hábitat.

Tal vez, la nueva arquitectura debiera buscar continuidad en los valores de aquella llamada rural, tradicional o autóctona. Y hacerlo con la misma sabiduría constructiva, simple y eficiente, con similar adaptación al medio. Hacerlo, cuanto menos con similar sensibilidad por el lugar en el que se asientan. Continuidad que no necesariamente mimetismo, ni mucho menos reproducción aleatoria de imágenes supuestamente locales.

Porque en la definición del hábitat, en sus núcleos históricos y sus ampliaciones, cabe plantear intervenciones cuasi miméticas, rigurosas, ligadas a la recuperación de técnicas y oficios, también intervenciones basadas en aquello que llamamos reinterpretación tipológica, incluso arquitecturas claramente contemporáneas en edificios singulares capaces de estructurar la trama urbana. Cabe la búsqueda de nuevas expresiones del hábitat con una actualizada reflexión sobre lo rural, y tal vez una renovación del legado de aquella arquitectura popular. Y cabe también el mismo esmero en aquellas construcciones productivas, en las que la lógica prioridad funcional y económica, no debe ser excusa para obviar la integración en el paisaje ni su dignidad constructiva. Lo que no cabe, o no debiera tener ya cabida, es la arquitectura insensible, ni tampoco el tópico.

Porque cabría recordar que lo construido, es algo más que reclasificaciones, ingresos municipales o simples superficies útiles. Lo construido, la arquitectura, es reflejo de identidad, de una identidad colectiva.