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Categoría: hablemos de arquitectura

La puesta en valor de un acueducto romano

COMPARACION ENTRE LA EXPO de ZARAGOZA y LA COPA AMERICA de VALENCIA:

La puesta en valor del acueducto romano Albarracín-Gea-Cella

Juan Antonio Fernández Peris del Centro Excursionista de Chelva.

Fotografías de Ana Tortosa.

Nota: Estas opiniones se realizan a título personal por el autor, no obstante, son compartidas por otros socios del Centro Excursionista de Chelva

Al hilo de la excursión organizada por el Centro Excursionista este pasado fin de semana del 23 y 24 de mayo por tierras de Teruel, para visitar especialmente el recién inaugurado trazado visitable del acueducto romano Albarracín-Gea-Cella, reproduzco por su interés un resumen de un artículo del periódico Aragón Digital de hace unos meses sobre las actuaciones e inversiones en el acueducto romano Albarracín-Gea-Cella. La inversión TOTAL alcanza los 1.148.000 euros, y se lleva a cabo para dinamizar la economía de las poblaciones del interior de Aragón.

Al menos en Aragón parece que tienen claro dos ideas muy interesante: la primera, que las comarcas rurales EXISTEN y la segunda, que los grandes eventos como la EXPO de Zaragoza deben tener como consecuencia una INVERSION REAL y PRODUCTIVA palpable que llegue también a otras comarcas muy alejadas de su sede.

Envidia sana nos dan estas noticias. Sin ir más lejos, La Serranía también cuenta con un acueducto romano, de una gran importancia y bastante bien conservado en muchos de sus tramos. ¿Para cuando un plan destinado a valorizarlo…?

Las comparaciones suelen resultar odiosas, pero no podemos olvidar que, mientras tanto, aquí en Valencia, nos debemos conformar con unos eventos faraónicos como LA COPA AMERICA, LA F-1 cuya repercusión económica es más que discutible y que, por supuesto, ni por asomo cuentan con partida económica alguna para revertir hacia los municipios del interior un solo euro. Pero eso sí, somos la envidia de España, de Europa, del Mundo, del Universo, vamos, los mejores…

Viajar más y ver lo que hacen nuestros vecinos resulta muy educativo, y permite comprender en toda su triste magnitud el derroche y despilfarro en que la pobre Comunidad Valenciana se haya sumida…

Juan Antonio Fernández Peris

 

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Teruel.- La construcción en Gea de Albarracín de un Centro de Interpretación del acueducto romano Albarracín-Cella pondrá en valor para el público este elemento patrimonial de la provincia, uno de los más interesantes de Teruel y menos conocido.

Esta obra de 24 kilómetros de longitud data del siglo I después de Cristo y canalizaba el agua entre ambas localidades, tratándose de una de las obras de ingeniería de mayor interés y envergadura de la época romana en Hispania.

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Convenio Gobierno de Aragón y Diputación de Teruel. Esta actuación se enmarca dentro del convenio suscrito por la Diputación de Teruel y el Gobierno de Aragón relativo a la Expo 2008, cifrado en seis millones de euros aportados por el Gobierno autonómico y ha permitido extrapolar beneficios permanentes a la provincia de Teruel a partir de este gran evento internacional.

En este convenio destaca la construcción de un Centro de Interpretación del acueducto romano Albarracín-Cella. El terreno donde se está construyendo el Centro de Interpretación se ubica junto a la carretera A-1512, a la entrada de Gea de Albarracín llegando desde Teruel y, por tanto, accesible desde la citada carretera. En total, para este centro de interpretación se van a invertir algo más de 600.000 euros.

Los informes técnicos han considerado que el municipio de Gea de Albarracín es el más adecuado para la ubicación del centro por la situación de este núcleo de población respecto del trazado del acueducto. Hay que tener en cuenta que los tramos de la Cañada de Monterde y del Barranco de los Burros, los de mayor interés del conjunto, están muy próximos a Gea. Por otra parte, tanto Albarracín con su gran potencial turístico, como Cella, núcleo que dispone de otros recursos, necesitan menor promoción socioeconómica que Gea de Albarracín.

Contenidos del centro de interpretación. En líneas generales, los objetivos más destacados que persigue conseguir el nuevo centro son los siguientes: promover el incremento de las visitas al trazado del acueducto y mejorar su comprensión, mostrar el acueducto y la ingeniería hidráulica como uno de los grandes logros del mundo romano, presentar el acueducto como obra excepcional por su complejidad técnica y profundizar en el en conocimiento de la construcción del acueducto en todo su recorrido.

De la misma manera se pretende convertir el centro en un espacio de conocimiento y dinamización también del territorio actual. El acueducto no sólo tiene interés por sí mismo, sino que se utiliza como hilo conductor para el descubrimiento del territorio. Además, se quiere revalorizar su patrimonio cultural y natural.

Actuaciones de puesta en valor. Dado el potencial turístico que posee, desde noviembre de 2005, la Diputación de Teruel, el Gobierno de Aragón, Ibercaja y los Ayuntamientos de Albarracín, Gea y Cella han realizando trabajos de adecuación del acueducto para la visita del público en general, que han tratado básicamente de acondicionar el espacio para una visita pedagógica y lúdica, junto a trabajos de conservación.

Entre otras actuaciones se han creado lugares para el aparcamiento y descanso; señalización de recorridos, apertura o arreglo de sendas, limpieza de terraplenes, limpieza de la galería en algunos tramos e instalación de paneles informativos y ahora se acomete una nueva potenciación de este recurso patrimonial con la construcción de un Centro de Interpretación del Acueducto Albarracín-Cella a las afueras de la población de Gea. La ampliación y puesta en valor del acueducto romano Albarracín-Gea-Cella cuenta con un presupuesto global de 1.148.000 euros.”

Fuente: Aragón Digital

Saber más: ACUEDUCTO ROMANO DE ALBARRACÍN-CELLA

Arquitectura rural en Alpuente (1)

Hace unos días nuestra amiga Aveuc enviaba estas fotos de arquitectura rural. La mayoría son de Alpuente, del entorno de la aldea de La Cuevarruz.

Casi todas ellas son pequeños rincones del reino del silencio y en su mayoría orientado al este como no, y los orientados al norte siempre con un pequeño resguardo para evitar el aire frio de Javalambre. .. Mi bisabuelo hizo la casa de mi abuela. De piedra, naturalmente, y varios corrales. Y me sorprende cada dia mas como los hizo con los medios que disponía... - nos comenta - .

Es un placer publicarlas. Gracias Aveuc. Aprovecharemos para compartir algunos comentarios.

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Empezamos con unos corrales. Son las expresiones más elementales de la técnica de construcción en piedra. Sus dimensiones y forma vienen determinadas por la disponibilidad de troncos que conforman su cubierta a un agua. Nada de revestimiento, pocos huecos, una única planta.

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Pero a pesar de la inmediatez de sus soluciones, creo que merece la pena echarle un vistazo a un detalle de la ejecución de su mampostería y valorar la dificultad de esta técnica. A pesar de la irregularidad de las piedras, estas quedan perfectamente encajadas. Solución inmediata y económica si,  ejecución sencilla, no. Hoy no es fácil encontrar alguien que domine esta técnica.

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Esta fotografía un buen ejemplo de las distintas tipologías que podemos encontrar. En el centro una construcción de dos plantas, sin revestimiento alguno. A su lado una construcción de dos plantas y cambra, huecos mas generosos, revestimientos que mejoran sus condiciones de habitabilidad. Sobre el color añil de las jambas y dinteles, varias teorías. Algunas, prosaicas, otras algo mágicas.

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En esta otra foto tenemos la oportunidad de ver dos esquinas. Bueno, en una de ellas vemos una solución no muy ortodoxa, pero ambas nos dan la oportunidad para comentar alguna cosa de ellas. En construcciones de mampostería es vital reservar las mejores piezas para trabar correctamente dos muros perpendiculares. También nos las encontraremos para conformar los huecos. Si pensamos en su peso, en la dificultad de obtener piedras de cierto tamaño y darles forma sensiblemente prismática, llegaremos a la conclusión que quien construyó esto, conocía muy bien esta necesidad.

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Nos indica Aveuc, que esta reconstrucción de cubierta corresponde a un horno de leña. Una cubierta con estructura de troncos, apenas desbastados, y cañizo. Es importante cortar la caña en invierno y en luna menguante (luna vieja), para evitar su pudrición prematura. El resultado es, pensando en la creo necesaria evolución de estas soluciones, una cubierta mejorable hoy en sus aspectos higrotérmicos, pero con unas virtudes creo muy a tener en cuenta: el uso de un buen material estructural como es la madera, relativamente ligero, sostenible y poco consumidor de energía en su producción, y su condición de impermeable al agua de lluvia pero permeable para disipar las humedades que se generan en todo espacio interior.

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Dejo para el final esta curiosa construcción. Curiosa que no única, en las arquitecturas a las que nos referimos: una construcción levantada sobre un camino. Es un buen ejemplo para entender el modo de crecimiento de una construcción. Conforme van siendo necesarios nuevos espacios, se van adosado nuevos volúmenes. Agregaciones que por lo general rompen la forma rectangular original. Esta agregación de cuerpos queda especialmente manifestada en las cubiertas. Por lo general no será muy complicado adivinar que volumen se construyó primero y cual fue posteriormente adosado.

En este caso, crecimiento de una construcción en un núcleo de población probablemente ya consolidado, y por lo tanto ya con problemas de espacio para permitirlo. Debemos pensar que construir así sobre el camino, aún en contra de la lógica de sus pesados muros de piedra, era tal vez la única manera de agregar nuevos espacios. La arquitectura que nos ocupa, tiene sus reglas, pero también en muchos casos sus excepciones

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Seguiremos en próximos artículos hablando de arquitectura. Una vez más, agradecer a Aveuc sus aportaciones, y a los demás animaros a compartir lo que es uno de los patrimonios más valiosos de Alpuente: su arquitectura rural, inseparable de su paisaje y su cultura.

Alpuente, municipio polinuclear

Alpuente conserva hoy trece núcleos de población, otros tantos asentamientos diseminados. Esta estructura, aún hoy reconocible, es herencia de su historia, pero especialmente de un pasado no muy lejano, en una lógica de proximidad de los asentamientos con los recursos que lo sostienen. Una lógica que tiene mucho que ver con una agricultura y una ganadería, y los medios de comunicación de una época. A este modo de colonización de un territorio le llamamos estructura polinuclear.

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La importante expansión agrícola de los siglos XVIII y XIX, significó para el municipio de Alpuente el desarrollo de núcleos de población próximos a las superficies de cultivo. Hacia 1900, cuando todo el término contaba con unos 2800 habitantes, 425 habitaban en Corcolilla, 400 en El Collado, 300 en Baldovar. Aldeas hoy abandonadas como El Chopo o Cañada Seca contaban entonces con 85 y 50 pobladores respectivamente. En estas fechas, el núcleo de Alpuente tenía unos 350 habitantes.

Hoy nos referimos al núcleo de Alpuente como Villa de Alpuente, aldeas a todos los demás. Oímos hablar de municipio polinuclear, en ocasiones en alusión a su singular riqueza patrimonial, en otras, en referencia a las dificultades de su gestión. Pero, ¿qué significa realmente el término polinuclear?

En este artículo intentaremos profundizar un poco más acerca del significado de este término. De cómo funcionaba, y siguen funcionando, esta estructura de núcleos de población colonizando un territorio. En esta geografía rural, de poca densidad de población, no debe confundirse población aislada con población dispersa, dispersa pero con relación entre sí.

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En algunos de estos núcleos de población, La Canaleja, La Almeza, La Carrasca,… encontraremos una simple agregación de viviendas apoyadas en unos caminos preexistentes, allí dónde quedaba garantizado el abastecimiento de agua. Es un primer paso entre el asentamiento disperso y su evolución hacia estructuras más compactas y complejas, más complejas también en sus aspectos socio-económicos.

En otros como El Collado o Corcolilla descubrimos una trama urbana algo más desarrollada y compleja. Observaremos en su arquitectura popular alguna diferencia tipológica con respecto a las anteriores, arquitecturas más próximas a la propiamente urbana. Encontraremos edificios con cambra en sustitución de corrales. Y entre ellas alguna plaza a la que recae alguna construcción singular, como la iglesia de San Miguel y su abadía en El Collado, o la iglesia de San Bernabé en Corcolilla, construcciones ya de cierta importancia. En la lejanía, sus torres campanario aún siguen destacado entre los tejados y podemos imaginar el sonido de sus campanas extendiéndose más allá de los límites de la aldea.

En todo este territorio encontraremos ermitas, que en clave territorial representan una unidad y cohesión social de esta población dispersa. Encontramos también molinos hidráulicos, hornos, lavaderos, escuelas, indispensables en su economía. Hoy los llamaríamos servicios generales, equipamientos, sin ellos una sociedad no puede funcionar.

En toda esta estructura polinuclear, condicionada en gran medida por la agricultura y la ganadería y por los medios de comunicación de una época, podemos suponer un cierto grado de autonomía entre los distintos asentamientos, autarquía tal vez en el caso de los rentos de Benacatázara o Vizcota. Pero la relación entre ellos, una relación jerarquizada entre las aldeas de mayor población con las menores cercanas es indudable. De ello puede dar buena fe la red de caminos, caminos que unen aldeas, aldeas con cultivos, aldeas con molinos, molinos con hornos,… Una red de caminos que enlazan distintos puntos cuya idea de cercanía venía lógicamente determinada por el tiempo que se tardaba en recorrer, y lógicamente este tiempo lo condicionan los medios de transporte de la época. Tener en cuenta esta circunstancia tal vez nos ayude a entender mejor las relaciones entre los distintos asentamientos. En definitiva, en la mayor parte, estructura de núcleos de población dispersos, que no aislados.

En todos estos casos, encontraremos buenos ejemplos de arquitectura tradicional, algunos de claro carácter rural, agregadas o dispersas, o tipologías en evolución hacia lo urbano. Arquitecturas productivas, molinos, hornos, lavaderos, que prestan servicio a una comunidad, arquitecturas singulares, ermitas, iglesias y abadías, que estructuran una trama urbana y la vida social. Son los signos más tangibles de la humanización de un territorio, de una identidad. Y este patrimonio cultural, arquitectónico, es también un patrimonio económico, un patrimonio de naturaleza inmobiliaria y por lo tanto no trasladable. Un patrimonio sobre el que se asienta buena parte de la población actual de Alpuente.

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De todo ello debe deducirse que el término polinuclear alude a algo más que la simple suma de núcleos, algo más de lo que tal vez pueda sugerir la hoy habitual expresión “Alpuente y sus aldeas”. Tal vez el término aldea, sin llegar a ser incorrecto, no refleje la importancia de algunos núcleos de población que llegaron a tener más población que la propia Villa. Y tal vez sea aconsejable considerar que buena parte de sus funciones siguen vigentes hoy en esta estructura.

Pero ¿cuanto de esta estructura polinuclear, condicionada en gran medida por la agricultura y la ganadería y por los medios de comunicación de una época, es aún hoy válida?¿Cuál debe ser el papel hoy en un municipio en el que buena parte de la población  vive en ella?

Obviamente, hay varias circunstancias que han cambiando. En primer lugar, la agricultura, y también la ganadería, pasan por una larga crisis. En segundo lugar, los actuales medios de transporte hacen que las distancias, o más bien los tiempos, se acorten considerablemente. Estas dos circunstancias, que justificaron en su día una estructura dispersa han cambiado considerablemente. Muy probablemente si hoy tuviéramos que elegir un modelo de asentamiento, el modelo adoptado sería muy distinto, probablemente optaríamos por un modelo más compacto. Pero este hecho, o hechos similares, serían igualmente aplicables a cualquier pueblo o ciudad europeos. Hoy, habitamos ciudades cuyos condicionantes en su origen son muy distintos a los actuales. No por ello las abandonamos, simplemente las transformamos de forma paulatina, sencillamente porque nos es mas rentable. No olvidemos que el patrimonio heredado, arquitectónico, infraestructuras, red viaria,… supone con mucho el mayor esfuerzo que una comunidad realiza durante su historia.

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En un municipio en el que más del 75 % de la población censada no vive en la propia Villa de Alpuente, en el que buena parte de su patrimonio se encuentra en su aldeas, tal vez fuera deseable conocer algo más de la interrelación entre los distintos núcleos y la población dispersa. Conocerla mejor y actuar en consecuencia.

Hoy, el municipio de Alpuente arrastra un retroceso en su población, un retroceso especialmente grave en sus aldeas. Algunas de estas se sitúan en el preocupante umbral previo a su abandono definitivo, siguiendo los pasos de las ya irrecuperables La Hortichuela, El Chopo, Vizcota o Cañada Seca. Esta pérdida de población es sin duda, como en tantos otros municipios de interior, el mayor problema de Alpuente. Tiene como marco general una crisis agrícola arrastrada desde décadas, pero ello no debe ser excusa para obviar políticas locales.

Cabe preguntarse si las acciones públicas, concentradas en su mayor parte en la Villa de Alpuente, tal vez bajo una idea de que lo que es bueno para la Villa es necesariamente y a priori bueno para todo el municipio, son o no las correctas. Cabe preguntarse si se ha entendido el funcionamiento de esta estructura polinuclear, sin duda compleja, que alberga buena parte del patrimonio arquitectónico –inmobiliario por tanto-, cultural, paisajístico e identitario, y sobre todo, en la que vive buena parte de su población.

En los últimos años, la Villa de Alpuente ha recuperado 50 habitantes, las aldeas han perdido 462. Obviamente el balance global es alarmantemente negativo: el municipio de Alpuente ha perdido en 7 años un tercio de su población. Estos datos, comprobables e irrefutables, recogen mejor que cualquier otro, mejor que declaraciones de intenciones o supuestas expectativas, lo acertado o no de unas políticas. Reflejan la decisión final de una población sobre elegir o no un municipio como lugar de residencia, su valoración sobre sus servicios, sus expectativas de empleo,… Cabe preguntarse si las acciones sobre este municipio polinuclear son las correctas, porque los datos no dejan lugar a dudas.

¿Nos entendemos?

En el artículo anterior comentábamos la importancia de la arquitectura, del urbanismo, en la configuración del medio físico en el que nos desenvolvemos. Y en esta configuración del medio en el que habitualmente vivimos, aparecen como agentes, constructores, promotores públicos o privados, arquitectos y ciudadanos.

Me interesan especialmente los dos últimos. Me interesa en calidad de arquitecto, y porque es principalmente sobre esta disciplina, en la que recae la responsabilidad de proponer (que no promover) las ideas. Me interesa la figura del ciudadano, porque es este su destinatario último, aquel al que va dirigido lo que hacemos. Aquel que debe reclamar, participar y al final validar las propuestas .Arquitecto y ciudadano deben entenderse. Pero, ¿nos entendemos?

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A los arquitectos nos gusta hablar de arquitectura. Es lógico, es nuestra profesión, en muchas ocasiones nuestra pasión. A los ciudadanos también. Todos como usuarios la vivimos, la padecemos o la disfrutamos.

Al arquitecto le gusta hablar de arquitectura, de vez en cuando de Arquitectura a ser posible. Y para ello acudimos a ejemplos que pueden quedar muy lejos. La arquitectura ejemplar es, casi por definición, escasa, y no siempre nos queda cerca. Al ciudadano le interesa tal vez más su calle, su barrio, su pueblo o su ciudad. Forma parte de su entorno y sus propias experiencias.

Al arquitecto le gusta hablar de composición, del espacio, de la luz, del paisaje. Puestos a soñar, del último premio Pritzker. El ciudadano, y también el arquitecto, asisten en más de una ocasión a actuaciones agresivas con el territorio, a un urbanismo depredador, al prohibitivo precio de la vivienda, a la perversión de lo inmobiliario.

Dos realidades muy distintas, la de la arquitectura ejemplar frente a la frecuente banalidad de nuestro entorno. Dos realidades opuestas y contradictorias en muchas ocasiones. ¿Cuál de las dos es más real? Sin duda, las dos. El urbanismo depredador, la “arquitectura” insensible es un hecho, tal vez un hecho lamentablemente frecuente. La Arquitectura, aunque puntual, también.

Las dos realidades son igualmente reales. De las dos hablaremos en esta nueva sección “hablemos de arquitectura”, siempre en relación con La Serranía, en relación con lo que hay o con lo que podría haber. Hablaremos y también soñaremos.

Conviene, para entendernos, saber a cual de estas dos realidades nos estamos refiriendo en cada ocasión.

Hablemos de arquitectura, una nueva sección.

Hace ya algún tiempo llevo anunciando en este blog una sección dedicada a la arquitectura. A la arquitectura de Alpuente, de La Serranía. Unas veces por temas más urgentes, otras sencillamente por falta de tiempo, lo he ido aplazando. Hoy por fin, la iniciamos e iremos incorporando con periodicidad artículos que espero sean de interés y puedan servir a un debate que creo necesario.

Pero ¿por qué hablar de arquitectura en un blog que lleva el nombre de paisajes? Bueno, ya en los inicios de este blog, hablábamos de los elementos antrópicos, del paisaje humanizado. La arquitectura, los núcleos urbanos, las aldeas, los asentamientos aislados, son también paisaje, paisajes urbanos o paisajes humanizados.

Y si el paisaje natural, su orografía, su vegetación, nos viene en buena medida dado y tan sólo podemos optar, que no es poco, por conservarlo mejor o peor, apreciarlo o ignorarlo, la arquitectura tal vez represente, nuestra incidencia más directa sobre el territorio Al menos en los aspectos más tangibles, la arquitectura, el modo en el decidimos asentarnos en un territorio, relacionarnos con el entorno, también lo que hacemos con el patrimonio construido por generaciones precedentes o como gestionamos el acceso a la vivienda, nos dice mucho de cómo es una sociedad.

Así que hablaremos de ello. De la arquitectura de los núcleos históricos y de la que simplemente no queda dentro de sus límites pero no por ello merece menor atención.. De la arquitectura heredada, de la actual y de la posible en un futuro más o menos inmediato. Porque en realidad todas forman o formarán parte de nuestro entorno.

Hablaremos en más de una ocasión, y es creo que importante porque forma parte de nuestra herencia y nuestras bases culturales, de una arquitectura que se le conoce con los nombres de rural, tradicional o también popular. Varios nombres, todos ellos válidos, que vienen a mostrarnos distintos matices de un mismo hecho. Veamos, para ir entrando en materia, que nos sugiere cada uno de ellos:

Rural. Se refiere a la arquitectura ligada al medio rural. Es decir, aquellas construcciones que tratan de resolver sus necesidades funcionales, las ligadas básicamente a la agricultura o la ganadería. Eso sí, una agricultura y una ganadería propia de la época de la que son coetáneas. Tal vez debamos preguntarnos si hoy satisfacen las actuales exigencias de estas actividades, y tal vez llegado el caso, que hacer con estas construcciones.

Popular. Sugiere la adopción de unas soluciones económicas, económicas tanto en la utilización de materiales como en su ejecución. Y aquí podríamos anticipar si sus estándares de habitabilidad se corresponden a los deseables hoy día, y si sus soluciones constructivas son realmente hoy económicas y por tanto puede seguir hablándose, caso de una rehabilitación, de arquitectura popular.

Tradicional. Sugiere un modo de construir, es decir, una determinada tecnología. Una tecnología conocida, comprobada por una larga experiencia, adaptada al lugar, a los materiales que proporciona, y a las exigencias que impone el medio. Una tecnología de muros portantes de piedra, forjados de madera, soluciones de aleros, cubiertas inclinadas,…Una tecnología en la que descubriremos muchas soluciones en común, hablemos de una iglesia, una ermita, o una vivienda. Sólo que en los primeros ejemplos descubriremos sillares y vigas escuadradas. En las expresiones populares, es decir, económicas, basta con mampostería y troncos apenas desbastados. Tal vez este aspecto de lugar a plantear la recuperación de oficios, la disponibilidad de materiales que hagan posibles la continuidad de estas soluciones.

Así que, en resumen, hablaremos de una arquitectura que tiene sus raíces en lo rural, que se resuelve con técnicas conocidas por la tradición, de un modo económico, haciendo uso de materiales que le son próximos, con una determinada relación con el entorno. Trataremos de profundizar juntos en ello, en sus valores, en la posible continuidad de esta arquitectura, en tal vez una renovación de sus conceptos,…

Espero que la nueva sección, hablemos de arquitectura, sea de vuestro interés. Hasta pronto.

Arquitectura en La Serranía

Hablemos de arquitectura

Un paseo por las calles y plazas de los núcleos históricos de La Serranía nos descubre, tal vez, la imagen más grata, más entrañable, de muchos de nuestros pueblos. Aquella en la que descubrimos su historia, su modo de habitar, en buena medida, su identidad.

Pero ¿qué es un núcleo histórico? En realidad, la alusión a lo histórico incluye amplios períodos, diversas expresiones del modo de habitar. En ocasiones de claro carácter rural, en otras, más cercano a lo urbano. Arquitecturas populares o palaciegas, modestas ermitas o iglesias arciprestales, antiguos barrios árabes, juderías, restos de murallas, antiguas tramas urbanas o remodelaciones barrocas.

No falta en el contexto académico, interés por la arquitectura tradicional, por la arquitectura rural y su relación con el paisaje o por la evolución de las tramas urbanas. No es poca la bibliografía publicada que aborda los sistemas constructivos de sus arquitecturas, sus tipologías o su urbanismo. Tampoco la legislación al respecto, leyes de patrimonio que instan a reconocer como Bienes de Interés Cultural o de Relevancia Local a construcciones singulares, civiles o religiosas, construcciones con valor histórico, arquitectónico o etnográfico. O leyes sobre el paisaje, que incluyen como patrimonio a reconocer y preservar, el paisaje urbano y su relación con su entorno.

Tampoco faltan referentes ejemplares de iniciativas públicas de conservación en geografías cercanas. Planes apoyados en metodologías ya conocidas y ensayadas, que acometen con rigor el análisis de su patrimonio arquitectónico. Que identifican de forma pormenorizada sus elementos y concretan su protección, afrontando también las necesarias reformas para actualizar su habitabilidad. Planes acompañados claro, de financiación, y que en ocasiones aprovechan el impulso para la recuperación de oficios, del tejido productivo, en definitiva, del empleo ligado a la rehabilitación

¿Pero cuánto de este interés por el patrimonio arquitectónico ha calado en La Serranía?

Al margen de notables actuaciones puntuales, que las hay, públicas o privadas, tal vez debiéramos indagar en las estrategias públicas de carácter general, ya que estas, se entiende, representan una inquietud colectiva, se espera encaucen actuaciones e impongan la necesaria disciplina urbanística. Y estas estrategias públicas, en primer lugar, quedan recogidas en aquellos documentos, Normas Subsidiarias, Planes Generales, Normas Urbanísticas,…en los que se confía la ordenación del territorio y la concreción de lo construíble. Segundo, en las iniciativas de divulgación, porque difícilmente algo como la deseable calidad arquitectónica puede apoyarse simplemente en cumplimiento de ordenanzas y normativas. Y tercero, claro, concretando el necesario apoyo económico.

Un repaso a las figuras de planeamiento vigentes de los municipios de La Serranía denota en general un escaso análisis de su patrimonio construido, ausencia de clasificación de las distintas tipologías y exiguos catálogos. Ninguna figura de desarrollo que contemple específicamente la protección o en su caso la reforma. Al menos en los actualmente vigentes. ¿Recogerán los actuales Planes Generales de Ordenación Urbana en tramitación una mayor atención al patrimonio arquitectónico y su relación con el paisaje?

Y si una mayor atención a los núcleos históricos se hace ya urgente, no menos lo es la exigencia de una mayor calidad en lo nuevo. Porque lo nuevo, las nuevas áreas urbanizadas, es también reflejo de un modo de habitar, un reflejo también de cultura. Porque en la mayor parte de núcleos de población, sus núcleos históricos se complementan con nuevas aéreas urbanizadas. En ocasiones justificadas, en otras de tal superficie reclasificada, malogrando su entorno más preciado, que es más que dudoso su interés público. En cualquier caso, ninguna razón justifica por el simple hecho de no actuar en “lo protegido”, de no actuar en el área del núcleo histórico, prestarle una menor atención. Más bien, estas nuevas áreas debieran ser oportunidad para resolver bordes urbanos, apoyarse en las trazas del paisaje colindante, resolver nuevos modos y nuevas exigencias del hábitat.

Tal vez, la nueva arquitectura debiera buscar continuidad en los valores de aquella llamada rural, tradicional o autóctona. Y hacerlo con la misma sabiduría constructiva, simple y eficiente, con similar adaptación al medio. Hacerlo, cuanto menos con similar sensibilidad por el lugar en el que se asientan. Continuidad que no necesariamente mimetismo, ni mucho menos reproducción aleatoria de imágenes supuestamente locales.

Porque en la definición del hábitat, en sus núcleos históricos y sus ampliaciones, cabe plantear intervenciones cuasi miméticas, rigurosas, ligadas a la recuperación de técnicas y oficios, también intervenciones basadas en aquello que llamamos reinterpretación tipológica, incluso arquitecturas claramente contemporáneas en edificios singulares capaces de estructurar la trama urbana. Cabe la búsqueda de nuevas expresiones del hábitat con una actualizada reflexión sobre lo rural, y tal vez una renovación del legado de aquella arquitectura popular. Y cabe también el mismo esmero en aquellas construcciones productivas, en las que la lógica prioridad funcional y económica, no debe ser excusa para obviar la integración en el paisaje ni su dignidad constructiva. Lo que no cabe, o no debiera tener ya cabida, es la arquitectura insensible, ni tampoco el tópico.

Porque cabría recordar que lo construido, es algo más que reclasificaciones, ingresos municipales o simples superficies útiles. Lo construido, la arquitectura, es reflejo de identidad, de una identidad colectiva.